>Hay un grupo que dice que lo haga reír

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Hay un grupo que dice que una canción
tiene que ser muy fácil para la razón,
que las cosas que digo sólo las sé yo.
No han abierto los ojos al mundo.
Miren que decir eso

con tantos motivos
para preocuparse
como hay.
Silvio Rodríguez – Hay un grupo que dice

Fines de enero en República Bananera, bajo un sol de verano tan dañino como el fujimorismo. Los músicos discuten mientras en la tele los egipcios se levantan contra una demodura auspiciada por occidente.
– Debes cambiar de ritmos, hermanito. Lo que tu escribes no le gusta a la gente, intenta con algo mas alegre.
– He compuesto un par de canciones, en salsa y cumbia.
– ¿si? sobre que tratan.
– La salsa, sobre la guerra sucia entre los políticos; la cumbia, acerca de la indiferencia de la prensa ante la epidemia de dengue en Iquitos.
– ¡Caramba hombre!, no vas a llegar a ninguna parte con esa música tan densa.
– Solo quiero llegar hasta las conciencias.
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>Mas yo seguiré soñando travesuras

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Dirán que pasó de moda la locura,
dirán que la gente es mala y no merece,
mas yo seguiré soñando travesuras
(acaso multiplicar panes y peces)
Silvio Rodríguez – El Necio

 
A Silvio rodríguez, trovador y necio.

Imagínate y supón que la era está pariendo un corazón por quien merece amor como una canción urgente,  para secar un llanto en estos días del reino de Todavía, cuando dan ganas de soltarlo todo y largarse por causas y azares, tocando fondo la vida, del sueño a la poesía, esperando el día feliz que está llegando con diez años de menos, cual trovador errante de barro negro que no quiere estar lejos de la casa y el árbol, y se demora, dejando en testamento paladar, ala de colibrí, caballo místico y rabo de nube. 
 
El Trovador antiguo los dejó al porvenir, a la familia, la propiedad privada y el amor…¿Qué se puede hacer con el amor? Sólo el amor que ya vivió, que ya se fue, al son desangrado de una pequeña serenata diurna, preludio de sueño de una noche de verano y mujeres soles, ¡oh Melancolía!

En este monólogo – esto no es una elegía – río y te doy una canción, la canción del  joven soldado, del elegido que llegó de San Antonio de los Baños, y de Mariana que quiere ser Eva. En esta canción planteo el necio problema de andar como hormiguita, trepando el dulce abismo, como el rey de las flores, entre  mariposas, desnudo y con sombrilla, juntito a la mentira y la verguenza, cual escaramujo; sin mirar hacía el porvenir ni preguntar: ¿Qué hago ahora?, entre flores nocturnas y sueño valseando, ver navegar nubes de alivio, sin pensar en cierta historia de amor y en el viento, que eres tú.  

 

>Viva el harapo, señor

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 Imagen Tomada de aqui


Que fácil es suspirar
ante el gesto del hombre que cumple un deber
y regalarle ropitas
a la pobrecita
hija del chófer.

Que fácil de enmascarar sale la oportunidad.
Que fácil de apuntalar sale la vieja moral,
que se disfraza de barricada
de los que nunca tuvieron nada.
Qué bien prepara su máscara el pequeño burgués.


Que fácil es escribir algo que invite a la acción
contra tiranos, contra asesinos,
contra la cruz o el poder divino,
siempre al alcance de la vidriera y el comedor.
Silvio Rodríguez – Canción en harapos
En un país donde reunirse en las calles y parecer “hostil” puede ser delito o causal de ser baleado por la policía, puede sonar irónico afirmar que las redes sociales son señales de activismo en ebullición, con miles de personas adheridas a múltiples causas que llenan cada rincón del Facebook o Twitter.
Gracias a la invitación de Juan Arellano (@cyberjuan), me he permitido intentar responder algunas interrogantes : ¿Es posible ser voluntario en tiempos marcados por el individualismo? ¿Cúal es la diferencia entre el activista y el oportunista? ¿Cuándo termina la solidaridad y empieza el egoísmo? . Quizá al término de estas líneas tenga mas preguntas que respuestas, pero vale la pena el intento.

El Voluntario y el individualismo

Vivimos tiempos en que lo gremial es vilipendeado, la búsqueda del bien común es letra muerta y la desconfianza prima entre extraños. En este contexto las redes sociales surgen en determinados estratos como un producto comprensible: el individuo no necesita salir de su casa, visitar un café o una plaza para socializar.

Puede el individuo desde su hogar invitar a la acción o al boicot, construir su conciencia,  participar desde su individualismo en diferentes campañas: contra el hambre, la miseria, la guerra, a favor de los pobres o los animales abandonados, en cualquier parte del orbe.

La pregunta es ¿cuánto de indignación  y de compromiso verdadero hay en eso?  Aproximadamente solo un 10% de los inscritos en algún activismo virtual pasa a la real acción; sea en marchas, plantones,  adhesiones con firmas, donaciones o visitas como voluntario. Siempre escucho maldecir que a una  convocatoria lleguen apenas 10 personas cuando se han apuntado 100.

Es díficil ser activista cuando desde la escuela te meten en la cabeza la necesidad de ser “líder” y alcanzar el “éxito”. Es necesario ir contra la corriente y apartarte de esos esquemas mentales en primera persona, para pensar en el prójimo, confiar en el y tomar partido por sus causas activamente.

El activista y el oportunista
No es fácil ser activista. Se necesita de constancia, compromiso y mucha fortaleza moral para no quebrarse al ver tanta injusticia, dolor y desigualdad. No es solamente asistir a eventos, llevar donaciones, salir en las fotos y esperar un nuevo llamado o el próximo año para sentirse un poco con la conciencia tranquila.
El activista es una persona realmente comprometida con las causas a las que se une. Conoce el origen del problema y participa buscando una solución más allá del bálsamo, ensuciándose la camisa sin temores, distinciones o prejuicios hacía el otro. 

El oportunista parte de su propio ego o sus demonios internos, cree en la caridad pero desconoce la justicia. Sabe que, mostrándose solidario o activista puede ganar cierto prestigio en ciertos círculos sociales a los que nunca tendría acceso.Y en esta era, donde la imagen lo es todo, conviene más las máscaras que la toma de conciencia.

El activista y el oportunista pueden coincidir y mezclarse, ¿cómo diferenciarlos, sea en vivo o virtualmente? Al oportunista solo lo ves defendiendo los derechos de los “visibles” – personas con cierto status – pero calla cuando se trata de defender a los “invisibles” – los anónimos – ya que de ellos ganará poco o nada. 

El activista no se aggiorna, el oportunista hace de eso una forma de vida. Recuerdo cuando ocurrió la masacre de Bagua las bizantinas discusiones de oportunistas, condenando el uso de la palabra genocidio, para lo ocurrido con los Awajun, mientras trataban de ocultar la inmensa culpabilidad del gobierno en tantos nativos y policías asesinados, dirigentes perseguidos, radios cerradas y periodistas presos con discursos tan penosos como ridículos.

Solidaridad y Egoísmo
Hace unos días, supe que un joven, de buena reputación en el mundo virtual y real, mejores contactos y familia bien, negó ayudar a una señora muy humilde, que hace una labor muy sacrificada para rescatar y mantener a casi 40 animales, entre perros y gatos. – “no los tiene en buenas condiciones”, habría espetado.

Meses atrás, un grupo de activistas 2.0 organizó un evento de caridad, donde parte de lo recaudado sería para una señora animalista con buena prensa y auspicios, pero que tenía serias denuncias de “eutanizar” animales sanos. Después del escándalo inicial decidieron no hacer descargos ni  dar explicaciones, por el bien de su buena imagen y prestigio: “el tema está superado, no nos van a destruir”, pareciera ser su lema.

La pregunta es ¿No se debe ayudar a los que más lo necesitan? ¿La solidaridad solo debe ser para los que si tienen y así sean mejor publicidad?

Se supone que es deber de los que se llaman activistas 2.0 y reciben miles de soles en donaciones ayudar los casos mas urgentes. A veces el ego o la soberbia se disfrazan de buenas intenciones. Afortunadamente, lejos de los followers y los miles de amigos del Facebook, se juntan los voluntarios de a pie, construyendo casas de ladrillo sobre otrora tierra y cartones si fuese necesario.

>Lárguese la escarcha, vuele el colibrí

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Venga la esperanza,
venga sol a mí.
Lárguese la escarcha,
vuele el colibrí.
Hínchese la vela,
ruja el motor,
que sin esperanza
¿dónde va el amor?

Venga la esperanza,
pase por aquí.
Venga de cuarenta,
venga de dos mil.
Venga la esperanza
de cualquier color:
verde, roja o negra,
pero con amor.
Silvio Rodríguez – Venga la esperanza 

Vivo en un país donde el presidente se pasea con una top model, inaugurando un Centro Comercial; mientras ancianos con cáncer reclaman que el Seguro Integral de Salud los ha abandonado.

En estas tierras el progreso se mide en cuánto gas exportamos, sin importar cuántos millones de niños no desayunan y dejan la escuela para pedir dinero en las esquinas a cambio de caramelos.

Hace unos días el gobierno redactó decretos que quieren exculpar a sicarios con uniforme por crímenes de lesa humanidad, pero a la vez con hipocresía declaran la guerra al crimen organizado que ellos fomentan.

Algunos pasquines neonazis, arrecian temorosos contra la izquierda con adjetivos como  rojo, caviar, terrorista. Otros políticos ultra-conservadores se pasean por las calles con su mejor sonrisa, criticando el regreso de ideas trasnochadas como el respeto al ciudadano y sus derechos humanos: razón tenía Roque Dalton cuando decía : “No olvides que el menos fascista de entre los fascistas es también fascista“.

 Hace poco mas de un año la selva de Bagua se tiñó de sangre en una masacre que se pudo evitar con un mínimo de respeto a los derechos de los Awajun y las comunidades amazónicas: ningún funcionario del gobierno ha sido condenado por los muertos, mientras algunos especialistas doran la píldora con reflexiones pseudo-sociológicas. Ahora los Ashaninkas están en peligro de perder sus tierras por una hidroeléctrica que inundará todo a su paso.
Las calles de las ciudades pujantes están llenas de restaurantes, hoteles y tiendas, pero en cada esquina hay niños y ancianos desamparados, locos deambulando, perros callejeros en pena.  Para el capitalismo salvaje los que no sirven ni para ser explotados simplemente no existen, son invisibles.
Podría llegar hasta el mismo infinito relatando los mil y un problemas del país mío, pero mejor es recordar que por cada villano conocido en mi patria hay tres anónimos honestos, por cada desleal que traiciona su palabra hay tres que la honran, por cada oportunista hay dos que luchan por los derechos del prójimo todos los dias.
Y ese es mi país, al que recorro desde hace media vida: le pueden privatizar todo, menos el alma y la esperanza en un futuro mas justo, menos desigual, a pesar del odio de los dueños del paraíso prometido.
 Venga la esperanza, que venga y no demore: que se quede y se haga realidad.

>Por eso manda verdugos

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Sé que todas las palabras
con que le canto a la vida
vienen con muerte también.
Sé que el pasado me odia
y que no va a perdonarme
mi amor con el porvenir.
Los amigos transcurren sus vidas, cada uno en su propia trinchera, en constante lucha por el porvenir. Podrán tener distintas religiones e ideologías, vivir en la sucursal del cielo o junto a los cóndores, ser (a veces) canallas o hidalgos, pintores o viajantes. Pero los une el respeto entre ellos y una constante búsqueda por la felicidad: en el pequeño hijo, mujer amada, obra de arte o una causa justa.

Así, dispersos por los cuatro puntos cardinales, pueden reunirse cada cierto tiempo en Lima gris, para conversar de la vida y la muerte, en tertulias amenas con mojitos aprendidos en la isla, mientras un triste cronista intoxicado, huérfano de amigos y coherencia, traiciona al último que le tendió la mano.

La vida es así, siempre habrá quienes tienen un compromiso por la vida, y los otros, infames verduguillos que viven en la  indigencia de la vía expresa de la miseria, atentos a la zancadilla para con el prójimo, en un ésteril intento por llenar sus vidas vacías de amor, pero llenas de envidia.

>Me place porque son espuelas para la razón.

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Y en nombre de mayor pureza
salen las ratas disfrazadas
que con paciencia y con destreza
quieren trocar el agua en baba.

¿Quién no conoce un buen ejemplo,
quién no ha pasado por sus dientes,
quién no ha soñado echar del templo
a la codicia sonriente?


Las Ratas – Silvio Rodríguez
Las ratas humanas -no las de campo o desagüe- están siempre al acecho, puñal en mano, impunes y sibilinas, tramando siempre una nueva traición.
Los hay presidentes y congresistas, empresarios y periodistas, ratas, ratones y rateros: siempre a la vanguardia de toda represión hasta que la situación los lleve a subirse al estrado de la revolución, en aras de una democracia que despreciaron cuando vivían del régimen de turno.
Son expertos en difamar a diestra y siniestra para después fingir ser los agredidos y pontificar, en medio del beneplácito y la adulación de otras ratitas mononeuronales en búsqueda del lugar más cálido de la cloaca.
Rojo, terrorista, resentido social, son las epítetos favoritos con los que las ratas de salón creen insultar, ahogados en su muladar de mediocridad.
Por unas migajas del pan acimo de la celebridad, estas ratas son capaces de traicionar al amigo, justificar matanzas, derramar vanalidad, mientras el país mas allá de los centros comerciales se cae a pedazos, amenazando con convertirse en una bomba de tiempo que algún día les explotará en la cara.
Contra estas ratas no hay veneno que las pueda exterminar, salvo la razón nacida de la libertad y la necesidad imperiosa de vivir en paz: es hora de hundir el barco vetusto, para que estas se lancen a la mar por siempre jamás.

>Solavaya, aves de malagüero.

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Ahórrense cumplidos y sudores,
pronósticos de ingenio o decadencia;
llevo mil años con enterradores

y sé de sus señuelos y ocurrencias.
Quien necesite hundirme entre las flores
sólo precisa un poco de paciencia.

Tiñosas, lagartijas, esperpentos,
aburridos batracios y loqueros.
aún corre la sangre en mi instrumento,

solavaya, aves de malagüero.
Mundo feroz, lo digo en juramento:
enterrarme le va a roncar el cuero.


Me quieren – Silvio Rodríguez

Acostumbrado a lidiar con lisonjas de ofidios y malas canalladas de gatos negros, el hombre del otro día sonreía al contemplar el cómico espectáculo que la miseria humana puede ofrecer por solo unas monedas infames de celebridad como recompensa.

Es que sabe bien que ante los felones y sibilinos de siempre se presentaría desnudo, con una guitarra armada y un fusil con cañón de futuro.