>¡Caramba y zamba la cosa!

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Me gustan los estudiantes
porque levantan el pecho
cuando le dicen harina
sabiéndose que es afrecho,
y no hacen el sordomudo
cuando se presenta el hecho.
Caramba y zamba la cosa
¡el código del derecho!


Me quedo con los estudiantes de educación pública, universitarios con la mala costumbre de hacer cosas inútiles, improductivas, casi precapitalistas; muy ajenas a completar los requisitos para acceder a un tercio superior que les garantize las mieles del éxito, con un estilo de vida calcado de un comercial políticamente correcto, de 60 segundos, en tono pastel.

Prefiero en especial a los universitarios acusados de ser tipos muy violentos, casi resentidos sociales, que protestan por cualquier nimiedad (según la prensa de Correo y sinrazón) : el alza del medio pasaje en 5 centavos, el incremento del costo del pan, un campesino caído por balas policiales, el cierre del Tribunal Constitucional, era motivo para llamar a huelga de hambre. Y si se incrementara el costo del combustible, de inmediato incendiar neumáticos en barricadas de manos, bandadas de miles.

Me quedo con los que discuten temas retrógrados, poco rentables: sea erradicar el chagas endémico en vez de organizar seminarios sobre gestión de la salud (privada, claro está); o dilucidar leyes mas efectivas en defensa de las comunidades campesinas en vez de proteger los intereses de las filántropas transnacionales mineras que generan importantes divisas (invisibles, por suepuesto) al país.

También recuerdo a los que se encontraron entre dos fuegos, pero nunca claudicaron, ni frente al Sendero del martillo sin la hoz, que colocaba un revólver sobre las carpetas (y las sienes) en las asambleas universitarias, ni ante los escuadrones de la muerte, que los amenazaban con convertirlos en, literalmente, cenizas.

Y me quedo con ellos, con los contestatarios al límite del reglamento, a los que murieron con una molotov en la mano, a cuyos funerales casi nadie asistío por temor a ingresar en listas negras; y con los caídos en olor a dinamita, acusados de amarillos y reaccionarios.

A ellos vá mi corazón, a píe, más aún en estos días de boom económico y represión posmoderna.


Mercedes Sosa – Me gustan los estudiantes

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>Pero no lucen como en la plaza de un pueblo

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En Buenos Aires los zapatos son modernos
pero no lucen como en la plaza de un pueblo
dejá que tu luz chiquitita
hable en secreto a la canción
para que te ilumine un poco más el sol.

Carito (León Gieco – Antonio Tarragó)

¿Qué ideas habrán pasado por su cabeza, cuando tomó ese bus de hojalata, que la llevaría a ese pueblo perdido entre montañas ajenas?, quizá ninguna, quizá sólo el deseo de respirar libertad por primera vez en media vida.

Alejada del bullicio de la metrópoli junto al malecón, ella marchó en busca de un sueño y del protagonista de sus cuentos escritos y por escribir. No le importaba si en el camino se le muriera el alma o si en esa plaza del gato de piedra solo la esperara el frío, ella se había levantado de caídas aún mas hondas que esa futura.

Después de horas en ese bus de hojalata, descender en medio de una madrugada tan sola que invitaba a la derrota, pudo divisar al final de la calle una figura, casi una sombra, cuyo solo abrazo hizo que ella se despojara de esa coraza que la había vestido por estaciones, y solo se quedó con su corazón desnudo.


Carito – León Gieco & Mercedes Sosa

>Le pondré la luna en el bolsillo

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Campesino
Cuando tenga la tierra
Le pondré la luna en el bolsillo

Mercedes Sosa, Cuando tenga la tierra




5:00 pm.

Llego por fin, pero al ascender, viejos dolores asaltan mi cuerpo, hace tiempo aprendi a convivir con ellos y les doy bienvenida. Arriba me encuentro con centenares de osamentas, una encima de otra,distingo cráneos de todo tipo: braquicéfalo, dolicocéfalo, de adultos e infantes … muchos infantes. ¿Será un nuevo hallazgo?, pienso, mientras apresuradamente saco mi libretita de campo para las primeras descripciones de rigor, sudoroso, no me había dado cuenta de … quizá no quería hacerlo … mis amigos me interrumpen:

_Deja tu libreta.

_Pero… deja que describa, luego le tomamos fotos y …

_Deja tu libreta.

Detuve mi vista en ellos, estaban con la mirada en el suelo, como perdidos, fríos, algo grave había pasado y estaban a punto de decírmelo … entonces observo a mi alrededor, veo en medio de los huesos, restos de diarios de los años 80, en tiempos del gobierno “demócrata” de Alan García, Sendero Luminoso y la guerra sucia. También distingo algunas bolsas de tocuyo, sandalias …

De pronto, Chemo levantó un cráneo y me dijo : ” Por su tamaño y sus suturas se trata de un infante de 4 a 7 años, por el arco superciliar quizá era varón, por su dentadura tuvo deficiencia de calcio en su dieta, quizá anemia” – Luego, como usando todas sus energías, concluyó: … “por el orificio de bala en el parietal, fué un fúsil Fal, de esos que usa el Ejército Peruano … quizá fue acribillado a unos 5 metros de distancia, seguro que el niño huía … pero no pudo … como le pasó al niño Remigio” .

Chemo se refería al niño Remigio, un entrañable personaje de Redoble por Rancas, pero no sabía de esa escena … después recordé que Anibal le había prestado Garabombo, el invisible, el segundo libro de la saga, donde se relataba el infausto final del bienamado Remigio:

“– Este piojo, ¿quién es?

– Un loquito, mi alférez.

El Niño Remigio se agachó. Recogió una piedra. Avanzó.

– ¡Quémelo! – mandó el alférez.

El guardia lo segó con su metralleta.

Así se comprobó que el Niño Remigio padecía una enfermedad incurable porque la ráfaga que le destapó la mitad de la cabeza mostró que en lugar de sesos tenía una mata de geranios”
(Manuel Scorza, Garabombo, el invisible, capítulo 33).

En ese momento pude tomar conciencia de la realidad: los demás esqueletos presentaban las mismas carácterísticas del infortunado niño: tenían huellas de plomo en sus huesos astillados, aún quedaban harapos,también sogas, contamos 20,30,40 cuerpos … no contar pudimos más, el ambiente se cargó de una mortal combinación de tristeza y furia.

6:00 pm

Iniciamos el descenso, esta vez con linternas, Juan José se anima a decirnos que decían esas canciones en Quechua :

“los sinchis matan a mis hermanos, los juntan a todos, varones, mujeres,niños, ancianos, uno a uno caen bajo las balas, a veces los dinamitan para ahorrar balas”.

Quedamos en silencio, ahora veo que la mosca azul ya no me persigue, ella ya cumplió su objetivo, ahora podrán regresar a su cuerpo como al quinto día … pese a la oscuridad, todo es claro, comprendimos nuestra misión … tenías razón Chemo, jamás habíamos estado perdidos. Recuerdo un fragmento de Dioses y hombres:

En los tiempos muy antiguos, cuando un hombre
moría, dejaban su cadáver, así no más, tal como
había muerto, durante cinco días. Al término de
este plazo, se desprendía su ánima, ¡sío! diciendo.
como si fuera una mosca pequeña.

Dioses y Hombres de Huarochirí (1598)

Descanzamos, no hemos pronunciado palabra desde hace un par de horas. De los tres jóvenes que al salir el alba salieron de un pueblito de la sierra, hoy sólo el recuerdo queda, nuestra mirada era distinta, al igual que nuestro espíritu: una parte de nosotros se quedó allá, en el abismo, velando los huesos de nuestros hermanos.

12: 00 am

En nuestro refugio, sacamos la última botella de caña decente que nos queda y libamos, para que el dolor se sienta menos. Chemo pone el disco mítico abril en Managua, y de pronto, la potente voz de Mercedes Sosa nos devuelve a la vida, y tomamos sus palabras.


Mercedes Sosa, Cuando tenga la tierra