>Porque mi vida no es de navidad

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Mi padre
Me dará algo mejor
Me dirá que Jesús es como yo
Entonces así podré seguir.
Viviendo, viviendo, viviendo
León Gieco – La navidad de Luis

A Johnncito.

El niño Dios nace todos los días en un cerro de Lima,  bajo casa de esteras, quinto hijo de una familia numerosa. A los cuatro años venderá caramelos en cualquier esquina de la gran Babilonia, ante la mirada indiferente de la gente presurosa en alcanzar las últimas ofertas del Centro Comercial.

El niño Dios quiere como regalo una vivienda donde no sienta frío, comer tres veces al día, no respirar smog a diario, tener ropa nueva o algún  juguete. La navidad le hace feliz, quizá hoy pueda vender mas caramelos para ayudar a su madre y comprar chocolate o pan dulce.

El niño Dios una vez visitó el zoológico de la capital, se impresionó con animales que nunca había conocido ni en dibujos animados, se puso un casco de ingeniero y le permitieron soñar un sábado por la tarde. Al salir vió en la calle a otros niños Dios limpiando parabrisas, y volvió a la realidad.

El niño Dios no entiende aún a su corta edad, si es su cumpleaños nadie lo saluda, solo se empeñan en llenar de luces sus casas, comprar árboles de plástico que ni respiran o réplicas de un viejo barbudo de traje rojo que solo toma Coca-Cola.

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>No debe andar el mundo con el amor descalzo

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No debe andar el mundo con el amor descalzo
Enarbolando un diario como un ala en la mano
Trepándose a los trenes, canjeándonos la risa,
Golpeándonos el pecho con un ala cansada.

No debe andar la vida, recién nacida, a precio,
La niñez arriesgada a una estrecha ganancia
Porque entonces las manos son inútiles fardos
Y el corazón, apenas, una mala palabra.
Canción para un niño en la calle – Tejada & Ritro

A la muchacha de las estrellas y al niño de las piruetas

Nueve de la noche en cualquier esquina de la ciudad gris: un niño de cinco años hace piruetas durante los 30 segundos que dura el semáforo en rojo, para luego pasar por los autos y pedir unas monedas.

En primera fila, una pareja a bordo de un Hummer discute a donde ir; si el pub de moda o el concierto del grupo favorito, mientras cierran las lunas a una realidad que se aproxima y no quieren mirar.

Es que en esa pujante ciudad de ocho millones de cabezas, radiante de centros comerciales y fast food, no es necesario taparse los ojos para evadir la verdad incómoda: basta con apretar un botón para activar la burbuja de plástico.

Mas atrás, en un taxi conversan el chofer y un recien llegado a la urbe:

– No tiene ni cinco años, ¿cómo demonios puede estar a estas horas con la policía mirándolo?- preguntó el forastero.

– La policía solo actuará si atropellan al niño, que esté aquí es normal acá- contestó el chofer.

– Eso es anormal, ¿y sus padres, dónde están?- replicó.

– Si no son huérfanos, o son explotados por sus mismos padres o simplemente ellos no tienen otra salida para sobrevivir.

– ¿Y el gobierno, la sociedad?-

– Al gobierno le importa una mierda: los niños no votan; para la sociedad ellos son invisibles, amigo.

El forastero no preguntó más, cuando se acercó el niño le dejó un dinero, sintiéndose miserable e impotente.

Una joven muchacha se acerca al niño con un beso en la boca y un cuaderno en la mano. Ella se daba un tiempo antes de regresar a casa para enseñarle al niño de las piruetas a escribir:

-Mi letra O no me sale bien- le dijo el niño.

– No te preocupes, yo te ayudaré a que salga redondita- le contestó la muchacha.

El niño sonrió por primera vez ese día, mientras se preguntaba porqué esa señorita se le acercaba cada noche a enseñarle a leer y escribir, llevarle víveres y vestido mientras aconsejaba a su madre con suma comprensión. Entonces, a ese niño le dolió un poco menos la madre abandonada, el padre alcohólico, las monedas al viento, las lunas cerradas en sus narices, su amor descalzo.

>Duerme, duerme, negrita

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Duerme, duerme, negrito
que tu mama está en el campo, negrito.
Te va a traer codornices, para ti,
te va a traer rica fruta, para ti.

Duerme negrito – (Popular- Atahualpa Yupanqui)



Duerme, negrita querida, tu voz inmortal siempre estará en nuestros oídos y corazones, con canciones que nos enseñaron el abecedario, dando gracias a la vida, pidiendo a Dios que ni la guerra ni lo injusto nos sea indiferente y, que cuando tengamos la tierra, la tendrán los que luchan: los maestros, los obreros, los campesinos, los que sientan, los que piensan.

Si se calla el cantor, calla la vida, negrita. Tú nunca callarás, seguirás rompiendo la tarde con tu voz, cantando al sol, como la cigarra, en el alma de cada uno de los que crecimos y aprendimos a sentir y amar con tu trino dulce y vigoroso, de las entrañas de nuestra América libre: todas las voces, todas, liberaremos la esperanza, venceremos la reseca muerte.

Duerme, Mercedes Sosa, duerme Mamá Grande de Latinoamérica toda, puedes descansar en paz: Tus hijos siempre viviremos en vos.

>Quién dijo que todo está perdido

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Quién dijo que todo está perdido
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Tanta sangre que se llevo el río

Yo vengo a ofrecer mi corazón.

Luna de los pobres siempre abierta
Yo vengo a ofrecer mi corazón

Como un documento inalterable

Yo vengo a ofrecer mi corazón

Y hablo de países y de esperanzas
Y hablo por la vida, hablo por la nada
Y hablo de cambiar esta nuestra casa

De cambiarla por cambiar nomás

Fito Paéz – Yo vengo a ofrecer mi corazón

Para que el mal recule, basta que hombres de buen corazón se unan.
Para que el egoísmo se marche, basta la comunión de unos cuantos llenos de conciencia.

Para que la indiferencia se agote, es suficiente una historia sacada de las entrañas de la tierra, una melodía imitada del trinar de los pájaros.

Frases que pueden graficar lo sucedido el domingo pasado, de 5 a 10, en un breve pero cálido espacio de la ciudad gris, lleno de gente con una voluntad enorme, convocada por tres seres entrañables, casi de boca en boca, para simplemente entregar el corazón, en la mano.

Fué una velada en solidaridad con los niños de las alturas de la sierra de este Perú ajeno y propio, que mueren ante la desidia de los que subastan nuestras riquezas. La recaudación ha sido alentadora, las donaciones colmaron espectativas.

Pero lo más importante no fue el dinero, ni las ropas abrigadoras que llegarán, raudas y urgentes, gracias a la Cruz Roja, allá donde las heladas son implacables, como la pobreza. Se sabe que las causas que originan tanta muerte descansan sobre un sistema inhumano, donde la ética es un arcaismo y los derechos humanos son simples saludos a la bandera, en desfile militar.

Lo más importante de aquella velada fué la certeza que la palabra unidos hecha acción, puede hacer muchas cosas, teniendo una absoluta comprensión de la realidad: cada letra, cada historia, cada música, cada voz, fué un alimento en el alma, un despertar de emociones, un combustible para el espíritu: lejos, muy lejos de música ligera y trivialidad, de banquetes con aroma a whisky.

Como narraba el cuento de una mujer llena de energía, basta con la insular gota de una nube solitaria, y el desierto se vestirá de verdesperanza: ante ese llamado de la tierra, densos nubarrones dejarán su pesimismo, se unirán para hacerse llover y germinar lo que antes fue árida indolencia.

Toca llovernos, formar tempestades hasta ser rios que terminen con el oprobio: no queda otra cosa que ofrecer el corazón.


Más Información:

Cuentos y cantos para abrigar

Mercedes Sosa, Víctor Heredia & Fito Paez – Yo vengo a ofrecer mi corazón

>Libera tu esperanza

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Sol de Alto Perú,
rostro Bolivia, estaño y soledad,
un verde Brasil,
besa mi Chile cobre y mineral.

Subo desde el sur
hacia la entraña América y total,
pura raíz de un grito
destinado a crecer y estallar.

Todas las voces, todas,
todas las manos, todas,
toda la sangre puede
ser canción en el viento.

Canta conmigo, canta,
hermano americano.
Libera tu esperanza
con un grito en la voz.

Isella/Tejada – Canción con todos

Cuando Manuin sintió un ardor recorrer su cuerpo, cual ráfaga de metralla, el pueblo Awajun temió lo peor: el cielo se oscureció hasta que las tinieblas mortales lo tomaron todo.

Pero entonces, aquél pueblo que habita en el corazón del mundo, se dio cuenta que no estaba solo, el mundo se dio cuenta que no estaba solo: voces de solidaridad en individuos de a pie aparecían en cada rincón, incontenibles, hasta hacerse un solo clamor de justicia.

Es que el poeta tenía razón: el rumor de un pueblo que despierta es más bello que el rocío.

Ver también:



>Cantando al sol

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Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aquí
resucitando.

María Elena Walsh – Como la cigarra

Princesa de cristal, prisionera de tus propios dragones, que te han confinado a una prisión de paredes de vidrio, sin oxígeno.

No te condenes a morir lentamente,en ayuno perpetuo.

En otros tiempos, poseías hermosas alas de plumas azules, con ellas volabas los cielos de la ciudad gris, sin ser vista por simples mortales que olvidaron mirar el navegar de las nubes.

Para pasar desapercibida en este mundo, actuabas en obras infantiles: unas veces eras princesa (princesa dos veces), otras era un hada: entonces preferías usar tus alas verdaderas en vez de las de utilería. Nadie lo notaba.

Pero, en el fondo, languidecías sin aire, sin sueños.

Hoy, sientes que no puedes más, tus huesos se quiebran en astillas, tu estómago te devora, tus plumas se desvanecen.

Pero recuerda los días en que lucías tus alas, jugabas con cristales de mar junto a tu perro fiel.

Solamente tú puedes derrotar a esos dragones, liberarte de esa prisión de vidrio, curar tus heridas en el alma, volar de nuevo por ese cielo gris, llenar los teatros con niños sorprendidos por la belleza de tus alas.

Si necesitas ayuda, sabes que puedes contar con la hada del bosque. Ella cruzará sin descanso una y otra vez, el inmenso charco que separa su mundo de esa ciudad del desorden.

Y sonreirás de nuevo, renacerás, cantando al sol… como la cigarra.

Mercedes Sosa – Como la cigarra

>Su pequeña huella …

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Cinco sirenitas te llevarán

por caminos de algas y de coral
y fosforescentes caballos marinos
harán
una ronda a tu lado.
Y los habitantes del agua
van a jugar
pronto a tu lado.
Alfonsina y el mar – Félix Luna & Ariel Ramírez

Caminaron hasta el atardecer, sintiendo la brisa sobre la piel desnuda.

En silencio, tomados de la mano, lanzaron a la mar piedras grises, pardas y negras, observando cómo, tras un brusco contacto, se perdían en la inmensidad del oceáno y el horizonte.

De pronto, ella soltó la mano de su amante, y avanzó hacía el mar: estaba serena, pensativa, con los rizos al viento que escondían sus sentimientos y su mirada.

Él supuso que reflexionaba sobre el destino de esas dichosas piedrecitas – escogidas al capricho de sus instintos – que dejaban su condición inerte para explorar nuevos mundos. Quién sabe donde las llevará la corriente: quizá terminen en el fondo del oceáno para ser cubiertas, indefectiblemente, por las algas marinas, o quizá convertirse en el último asilo de una estrella de mar.

– Envidio a las piedras – le susurró, convencida.

Mercerdes Sosa – Alfonsina y el mar