>Porque mi vida no es de navidad

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Mi padre
Me dará algo mejor
Me dirá que Jesús es como yo
Entonces así podré seguir.
Viviendo, viviendo, viviendo
León Gieco – La navidad de Luis

A Johnncito.

El niño Dios nace todos los días en un cerro de Lima,  bajo casa de esteras, quinto hijo de una familia numerosa. A los cuatro años venderá caramelos en cualquier esquina de la gran Babilonia, ante la mirada indiferente de la gente presurosa en alcanzar las últimas ofertas del Centro Comercial.

El niño Dios quiere como regalo una vivienda donde no sienta frío, comer tres veces al día, no respirar smog a diario, tener ropa nueva o algún  juguete. La navidad le hace feliz, quizá hoy pueda vender mas caramelos para ayudar a su madre y comprar chocolate o pan dulce.

El niño Dios una vez visitó el zoológico de la capital, se impresionó con animales que nunca había conocido ni en dibujos animados, se puso un casco de ingeniero y le permitieron soñar un sábado por la tarde. Al salir vió en la calle a otros niños Dios limpiando parabrisas, y volvió a la realidad.

El niño Dios no entiende aún a su corta edad, si es su cumpleaños nadie lo saluda, solo se empeñan en llenar de luces sus casas, comprar árboles de plástico que ni respiran o réplicas de un viejo barbudo de traje rojo que solo toma Coca-Cola.

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>Cinco Siglos Igual

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Desamor desencuentro,
perdón y olvido
cuerpo con mineral,
pueblos trabajadores
infancias pobres,
cinco siglos igual.

En esta parte de la tierra
la historia se cayó
como se caen las piedras
aun las que tocan el cielo
o estan cerca del sol.
León Gieco – Cinco Siglos

– Hace 500 años mataron al inkarrí – decía el viejo Apu – lo han descuartizado, diseminaron su cuerpo en todas partes, su cabeza está en España. Pero llegará un día en que las partes se juntarán y no habrá más hambre ni injusticias en estas tierras.

– Pero, ¿cómo se juntarán las partes del inkarri? – preguntó un discípulo.

– Ya los españoles no nos invaden, algunos son amigos, como el Padre Antonio – refutó otro de ellos.

– Es cierto – respondió el Apu – pero ahora son nuestros propios hermanos peruanos los que nos amenazan: nos quieren quitar nuestras tierras, nuestros bosques, para poner pozos petroleros, contaminar nuestros ríos, enfermar nuestra gente.

– Ya nos mataron en Bagua, cuando nos opusimos… ¡Y quedamos como los malos!- dijo otro discipulo.

– Es el precio que tenemos que pagar para defender nuestras tierras: si nos dejamos, si no nos unimos hasta que el inkarrí retorne a la tierra, no duraremos otros cinco siglos igual – contestó el Apu.

– ¡Inkarrí es unidad, nuestra unidad! – exclamó uno de los presentes.

Entonces, el viejo Apu sonrío con esperanza.

Ver también aquí

>Pero no lucen como en la plaza de un pueblo

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En Buenos Aires los zapatos son modernos
pero no lucen como en la plaza de un pueblo
dejá que tu luz chiquitita
hable en secreto a la canción
para que te ilumine un poco más el sol.

Carito (León Gieco – Antonio Tarragó)

¿Qué ideas habrán pasado por su cabeza, cuando tomó ese bus de hojalata, que la llevaría a ese pueblo perdido entre montañas ajenas?, quizá ninguna, quizá sólo el deseo de respirar libertad por primera vez en media vida.

Alejada del bullicio de la metrópoli junto al malecón, ella marchó en busca de un sueño y del protagonista de sus cuentos escritos y por escribir. No le importaba si en el camino se le muriera el alma o si en esa plaza del gato de piedra solo la esperara el frío, ella se había levantado de caídas aún mas hondas que esa futura.

Después de horas en ese bus de hojalata, descender en medio de una madrugada tan sola que invitaba a la derrota, pudo divisar al final de la calle una figura, casi una sombra, cuyo solo abrazo hizo que ella se despojara de esa coraza que la había vestido por estaciones, y solo se quedó con su corazón desnudo.


Carito – León Gieco & Mercedes Sosa