>No se si eras un angel o un rubí

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Te vi, saliste entre la gente a saludar
Los astros se rieron otra vez,
la llave de mandala se quebró
O simplemente te vi.
Fito Paéz – Un vestido y un amor

A Claudet
Te esperé desde una esquina en la calle felicidad, apareciste entre la gente y me saludaste, no sabía si eras un angel o un rubí, fuimos a comer chocolates y pasear, me fijé en tus ojos y me prendí de tí.
Meses después, luego de conciertos, trovas y letras, en la posada del ángel escribí una declaración de amor en una servilleta. Y en un día de fiesta nacional me besaste bajo el mapa de un país perdido en el tiempo.

Desde entonces, todos los días que pasamos juntos son nuestro cumpleaños.

Ahora caminamos juntos, trabajando el día en que nos devuelvan nuestra patria los rancios ladrones de iniciales multicolores, para que no hayan mas niños con su inocencia en las aceras, ni ancianos sin hogar, ni perros sin abrigo.

Hace dos años te ví por primera vez, desde entonces mi arco iris ya no es en blanco y negro. En cambio nuestras caras se pintan de colores, cada vez que nuestras miradas se juntan.



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>Quién dijo que todo está perdido

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Quién dijo que todo está perdido
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Tanta sangre que se llevo el río

Yo vengo a ofrecer mi corazón.

Luna de los pobres siempre abierta
Yo vengo a ofrecer mi corazón

Como un documento inalterable

Yo vengo a ofrecer mi corazón

Y hablo de países y de esperanzas
Y hablo por la vida, hablo por la nada
Y hablo de cambiar esta nuestra casa

De cambiarla por cambiar nomás

Fito Paéz – Yo vengo a ofrecer mi corazón

Para que el mal recule, basta que hombres de buen corazón se unan.
Para que el egoísmo se marche, basta la comunión de unos cuantos llenos de conciencia.

Para que la indiferencia se agote, es suficiente una historia sacada de las entrañas de la tierra, una melodía imitada del trinar de los pájaros.

Frases que pueden graficar lo sucedido el domingo pasado, de 5 a 10, en un breve pero cálido espacio de la ciudad gris, lleno de gente con una voluntad enorme, convocada por tres seres entrañables, casi de boca en boca, para simplemente entregar el corazón, en la mano.

Fué una velada en solidaridad con los niños de las alturas de la sierra de este Perú ajeno y propio, que mueren ante la desidia de los que subastan nuestras riquezas. La recaudación ha sido alentadora, las donaciones colmaron espectativas.

Pero lo más importante no fue el dinero, ni las ropas abrigadoras que llegarán, raudas y urgentes, gracias a la Cruz Roja, allá donde las heladas son implacables, como la pobreza. Se sabe que las causas que originan tanta muerte descansan sobre un sistema inhumano, donde la ética es un arcaismo y los derechos humanos son simples saludos a la bandera, en desfile militar.

Lo más importante de aquella velada fué la certeza que la palabra unidos hecha acción, puede hacer muchas cosas, teniendo una absoluta comprensión de la realidad: cada letra, cada historia, cada música, cada voz, fué un alimento en el alma, un despertar de emociones, un combustible para el espíritu: lejos, muy lejos de música ligera y trivialidad, de banquetes con aroma a whisky.

Como narraba el cuento de una mujer llena de energía, basta con la insular gota de una nube solitaria, y el desierto se vestirá de verdesperanza: ante ese llamado de la tierra, densos nubarrones dejarán su pesimismo, se unirán para hacerse llover y germinar lo que antes fue árida indolencia.

Toca llovernos, formar tempestades hasta ser rios que terminen con el oprobio: no queda otra cosa que ofrecer el corazón.


Más Información:

Cuentos y cantos para abrigar

Mercedes Sosa, Víctor Heredia & Fito Paez – Yo vengo a ofrecer mi corazón