>Los poemas suelen ser papel mojado

>

Con ríos
con sangre
con lluvia o rocío
con semen con vino
con nieve con llanto
los poemas suelen
ser papel mojado.

Papel Mojado – Mario Benedetti

Éramos una fratia refugiada en las alturas del Perú cuando Aníbal, el mas sabio de todos, nos enseñó uno de sus tesoros sonoros mejor guardados: fue entonces que el ambiente se llenó de la voz más hermosa con las palabras mas prístinas.

– ¿Quién canta?- preguntó con desdén uno de nosotros.

– Es Tania Libertad cantando poemas de Benedetti.

– ¿quiénes son esos? ¡qué profundo! – replicó con falsa ironía.

Fue entonces que Aníbal, rojo de ira respondió:

– ¿ No sabes quiénes son, ignorante de mierda?

Tuvimos que calmar al buen Ánibal, comprendiendo su indignación, mientras explicábamos al desubicado amigo la tontería que había espetado. Después continuamos en ese placer para los sentidos que fue escuchar a La Libertad cantando los versos del hoy inmortal Mario.

Tania Libertad ha regresado al Perú, para dar recitales en Lima y en las Tumbas reales del Señor de Sipán, en su Lambayeque natal. El recital en Lima fue de un lleno total, con ovación de pie, como una forma de bienvenida a una hija pródiga que hace treinta años marchó a México para ser la maravillosa artista que es, a despecho de sus críticos, que como el irónico amigo de la anécdota, no le perdonan ni el éxito obtenido ni su constante compromiso por la justicia social y el canto con sentido.

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>Que acabe la caridad y que empieze la justicia

>

Que vengan o que no vengan
al pueblo nadie lo asfixia

que acabe la caridad
y que empieze la justicia.


Cuando hacen fuego me dicen
que están contra la violencia
me dicen cuando dan muerte

que sientan jurisprudencia.

mejor se ponen sombrero
que el aire viene de gloria
si no los despeina el viento
los va a despeinar la historia.


Cielito cielo que sí
cielo del sesenta y nueve
con el arriba nervioso
y el abajo que se mueve.


Mario Benedetti – Cielo del 69

Siguen muriendo niños de frío, por decenas, en las heladas tierras del sur andino. La mayoría de víctimas tienen al quechua como lengua materna, y la pobreza extrema como código genético.

Mientras el virus AH1N1 se acerca a las zonas marginales de la ciudad gris, y cobra sus primeras víctimas, terriblemente lejos de los felices privilegios de casitas de barrio alto.

Como decía Vallejo, jamás fue la salud más mortal, señor Ministro de salud. Así el Presidente siga coleccionando discursos tan optimistas como falaces, la realidad lo contradice con el estruendo de un rayo.

En Lima y otras urbes peruanas, juntan frazadas, organizan colectas y celebran fiestas en nombre de una solidaridad bien intencionada. Pero con caridad no se logra justicia, solo es un bálsamo que alivia la conciencia de los que ayudan y las madrugadas de niños con desnutrición crónica.

Cada cierto tiempo, los que viven en la espalda del mundo, invisibles ante la historia oficial de prensa amarilla, cansados de tanto cajón, tanta sed de sed, tanta expropiación, tanto tajo minero, tanto río contaminado, hacen escuchar su voz con violencia contenida. Y el estado los reprimirá a sangre y fuego, llamándolos invasores, abigeos, asesinos, salvajes, utópicos arcaicos.

Juan G. Rose, en un sentido verso simple y exacto, escribía que es mejor dar ideas que un beso, hablar de justicia en vez de caridad, así nos castigue el Dios de los poderosos, el que todo lo compra, todo lo vende.

Ojalá que el viento de la historia no los soprenda bailando.


Los Olimareños – Cielo del 69

>No te salves ahora ni nunca

>


No te quedes
inmóvil al borde del camino
no congeles el
júbilo
no quieras con
desgana
no te
salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados co
mo juicios
no te quede
s sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo

y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labio
s
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas

entonces
no te quedes conmigo

Mario Benedetti – No te salves

Nunca te salvaste, mi cotidiano Mario B.
siempre en la calle, codo a codo
defendiendo la alegría, a despecho de tus 88.
Fuiste una lección de vida,
es tan lindo saber que usted existió,
táctica y estrategia contra el egoísmo y el desaliento
de los que sostienen que la gente es mala y no merece.

En tus letras los desaparecidos tuvieron voz,
y el buen amor, ternura guerrillera.
Los trovadores y poetas se nutrieron de tí,
igual los estudiantes, los obreros, los (des)empleados.
Por eso, querido Mario B. te he llorado,
como el infante, el hombre, el anciano que soy:
no me salvo, ahora ni nunca.

Hasta siempre, entrañable reparador de sueños.


Ver También :

>"Libertad" era tan sólo una palabra aguda…

>

Pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar

Mario Benedetti – Hombre preso que mira a su hijo

– Sólo recibía órdenes- argumentó el oficial.

– ¿Cúales fueron esas órdenes y quién se las dío?- preguntó el fiscal.

– El capitán Santiago Martín me ordenó sacar al detenido de la camioneta.

– ¿Se refiere al periodista?

– Sí

– ¿En qué condiciones estaba él?

– No lo recuerdo.

En verdad, recordaba ese día como el cercano ayer, cuando descendió del automóvil a aquél desdichado, convertido – después de dos días con sus noches colgado de sus pulgares, recibiendo tortura made in Escuela de las Américas – en un manojo de tendones cubiertos por trapos albos , teñidos de tinto seco, maldiciendo aún con sus dientes pulverizados, acallando sus propios gritos.

– ¿Qué hicieron con él?

– El capitán Santiago Martín continuó el interrogatorio al detenido.

– ¿En que consistió?

– Le preguntó nombres, que diga quienes eran sus cómplices, que era su última chance antes de proceder a…

– ¿Lo torturaron?

– No recuerdo, fue hace mucho…

De pronto, palideció al sentir como ese aroma a brisa marina invadía la sala del Juzgado. Era la misma brisa de cinco de la mañana, quince años atrás; cuando él y sus secuaces quebraban a patadas las costillas de Juan o José, Pedro o María, impotentes ante la negativa de aquél infortunado de delatar inocentes, logrando solamente que su sangre se mezclara con las espumas de aquella playa virgen.

– ¿Qué pasó, luego que el secuestrado se negara a hablar?

– El capitán Santiago Martín me dijo que era hora de mi “bautizo”.

– ¿En qué consistía ese “bautizo”?

– Eliminar al detenido, matarlo… pegarle un balazo.

– ¿Ejecutó esa orden?

No era la primera vez que mataba a un hombre, pero nunca antes le había tocado dar el tiro de gracia, directo a la nuca, a un ser humano inerme, vencido, mancillado. – “dispara cuando quieras, viviré en mis hijos” – le alcanzó a decir el desdichado antes que un trozo de plomo le llegara de lleno, trocando su rostro en solo huesos y sesos.

– Repito. ¿ejecutó esa orden?

– No recuerdo.

Hombre preso que mira a su hijo – Pablo Milanés

>Dicen que ahora viven en tu mirada

>

Están en algún sitio / nube o tumba
están en algún sitio / estoy seguro
(Mario Benedetti – Desaparecidos)

No son sólo memoria,
son vida abierta,
continua y ancha;
son camino que empieza.
(Maia/Viglietti – Otra voz canta)


Caminaban en silencio por el Parque de la Memoria, en el centro de la ciudad gris, entre miles de cantos rodados. Cada piedra lavada simbolizaba una vida inocente, perdida en medio de la barbarie imperante en la espalda del mundo que fué esa tierra, décadas atrás.

Llegaron hasta un monolito, que simulaba un ojo llorar, con una misión: hace unas semanas, manos movidas por el mismo odio culpable de tantos lutos, habían manchado con pintura sangre sus formas; pero no importaba: allí estaban los jóvenes de hoy, rabiosos pero serenos, con paños húmedos, para limpiar la ignominia una vez más.

El más joven de ellos se sentó en una piedra blanca sobre una piedra negra, sacó una hoja de papel japón, escribió un mensaje urgente, para los futuros visitantes, en son de paz o de guerra:

Si extrañas mi latido, su palpitar está entre ríos.

Si quieres saber qué fué del fulgor de mis ojos, indaga por Villa Grimaldi.
Si interrogas que se fizo mi voz viva; ella susurra bajito, en Garage Olimpo.
Si intentas hallar el paradero de mi alma; está llorando, posada en el muro de la memoria
Si añoras el brillo de mis uñas; están en Putis, exhumando la verdad.

Finalmente, Si preguntas por mi humanidad entera, te responderé:
Se halla en el centro de ese talado bosque clandestino de huesos humanos que es la América toda, mi patria.
Para cuando cayó la tarde, mientras ellos se marchaban en silencio a sus moradas, los nombres grabados en esas piedras se habían cincelado yá, en su memorias.

Mario Benedetti & Daniel Viglietti – Otra voz canta/Desaparecidos

>No hasta dos o hasta diez

>

Pero hagamos un trato
nada definitivo
yo quisiera contar
con usted es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo.
Mario Benedetti – Hagamos un trato



– No me gusta sentirte triste, lo sabes, ¿verdad? – dijo ella.

– Necesito tu sonrisa para sonreir – dijo el.

Ella sonrío, y su risa paso a través del auricular como una descarga eléctrica hasta aquel hombre, nutriendo sus sentidos y sus afectos como dulce savia.

– Eres el bálsamo que alivia mis penas- le susurró él.

– ¡Eres un exagerado!, como si fuera la primavera – exclamó ella, mientras se ruborizaba, dejando un discreto color carmesí en sus mejillas.


– ¿Qué pasará cuando me tengas cerca?-

– Te daré un beso en el alma-

– Y yó, abrazos sin tiempo-

Entre ambos personajes, habitantes confesos de esa ciudad gris, existía una relación sin artificios gramaticales. Simplemente las penas les parecían mínimas y sus corazones esbozaban una sonrisa, cuando sus almas se encontraban, caprichoso azar mediante.


Joan Manuel Serrat – Hagamos un trato


>Tu boca no se equivoca

>


Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.
Te quiero, Mario Benedetti

– Si, me lo permiten, voy a poner uno de mis discos favoritos – dijo Aníbal.

De pronto, una voz angelical entonaba un verso convertido en canción:

Era Tania Libertad, cantando un poema de Mario Benedetti, conjugándose ambos en exacta dimensión de pasión vigoroza y dulce a la vez, como se tiene que cantar al amor cómplice, productivo, enriquecedor, total.

-Es uno de mis vates favoritos – concluyó Aníbal, emocionado y adormecido por el licor de caña.

A él se le vino a la mente, gracias a ese canto dedicado a la pareja, a la compañera en sueños y realidades, las palabras que alguna vez escuchó de los labios de una muchacha perdida en el ayer:

” Seré tu refugio, el oxígeno que combustione tus sueños”

– Salud, Aníbal, no pudiste escoger canción mas precisa.


Tania Libertad, Te quiero