>No se si eras un angel o un rubí

>

Te vi, saliste entre la gente a saludar
Los astros se rieron otra vez,
la llave de mandala se quebró
O simplemente te vi.
Fito Paéz – Un vestido y un amor

A Claudet
Te esperé desde una esquina en la calle felicidad, apareciste entre la gente y me saludaste, no sabía si eras un angel o un rubí, fuimos a comer chocolates y pasear, me fijé en tus ojos y me prendí de tí.
Meses después, luego de conciertos, trovas y letras, en la posada del ángel escribí una declaración de amor en una servilleta. Y en un día de fiesta nacional me besaste bajo el mapa de un país perdido en el tiempo.

Desde entonces, todos los días que pasamos juntos son nuestro cumpleaños.

Ahora caminamos juntos, trabajando el día en que nos devuelvan nuestra patria los rancios ladrones de iniciales multicolores, para que no hayan mas niños con su inocencia en las aceras, ni ancianos sin hogar, ni perros sin abrigo.

Hace dos años te ví por primera vez, desde entonces mi arco iris ya no es en blanco y negro. En cambio nuestras caras se pintan de colores, cada vez que nuestras miradas se juntan.



Anuncios

>Porque mi vida no es de navidad

>

Mi padre
Me dará algo mejor
Me dirá que Jesús es como yo
Entonces así podré seguir.
Viviendo, viviendo, viviendo
León Gieco – La navidad de Luis

A Johnncito.

El niño Dios nace todos los días en un cerro de Lima,  bajo casa de esteras, quinto hijo de una familia numerosa. A los cuatro años venderá caramelos en cualquier esquina de la gran Babilonia, ante la mirada indiferente de la gente presurosa en alcanzar las últimas ofertas del Centro Comercial.

El niño Dios quiere como regalo una vivienda donde no sienta frío, comer tres veces al día, no respirar smog a diario, tener ropa nueva o algún  juguete. La navidad le hace feliz, quizá hoy pueda vender mas caramelos para ayudar a su madre y comprar chocolate o pan dulce.

El niño Dios una vez visitó el zoológico de la capital, se impresionó con animales que nunca había conocido ni en dibujos animados, se puso un casco de ingeniero y le permitieron soñar un sábado por la tarde. Al salir vió en la calle a otros niños Dios limpiando parabrisas, y volvió a la realidad.

El niño Dios no entiende aún a su corta edad, si es su cumpleaños nadie lo saluda, solo se empeñan en llenar de luces sus casas, comprar árboles de plástico que ni respiran o réplicas de un viejo barbudo de traje rojo que solo toma Coca-Cola.

>Para esos asuntos no he crecido mucho todavía

>

Yaku (+), el mejor amigo de Ziortza por una década.

El infortunado Chocolate (+)

Spike (+), mi mejor amigo en las ruinas (2008)


Lobo, yo sí te recuerdo. Yo también sabía
dónde, cómo y cuándo dormías tu sueño.
Para esos asuntos no he crecido mucho todavía.

Cómo no iba a recordarte, si estás ahí desde mi niñez,
en un paisaje diferente pero igual,
si a todos nos pasó una vez.

Cómo no iba a recordarte, si tu misterio es más feliz
que muchas cosas que tenemos que contar
a costa de una cicatriz.

Silvio Rodríguez – Discurso fúnebre

Siento que he descuidado un poco a los amigos de blog, aquellos que rompen las distancias con la fuerza de la amistad. Por trabajo ya no los visito mucho, aunque siempre es una agradable sorpresa conocer de ellos.

Por desgracia, la vida nos trae dolor, como el que le llegó a mi amiga Ziortza, con la dolorosa muerte de su mejor compañero, un perrito llamado Yaku, de ojos tan humanos que ablandan el corazón más duro.

Testigo he sido, a la distancia, del inmenso amor que unía a Ziortza con Yaku, era su amigo fiel de aventuras y correrías allá en los bosques vascuences, su refugio en los momentos tristes y felices.

Entiendo la enorme pena que debe embargarla, mi alma también tiene una herida que el tiempo no cura del todo, nunca.

En el 2008 llegó Spike a mi vida, allá en el valle cálido lleno de ruinas donde trabajé unos meses. Era un perro abandonado por sus dueños que se ganó el cariño de todos, incluído el mío. Lastimosamente un día Spike regresó enfermo, necesitando una transfusión urgente de sangre.

El donante fue Chocolate, a quien salvamos de un sacrificio absurdo. La transfusión fue exitosa, Spike se quedó al cuidado de nosotros en el trabajo y Chocolate fue adoptado por un colega.

Pero Spike no mejoraba y caía enfermo constantemente, pese a los cuidados y las vigilias. Después supimos que el donante tenía la terrible distémper: ambos murieron a los pocos días.

Spike fue enterrado cerca de las ruinas, como eterno guardían de un lugar donde se le quiso mucho y nos regaló felicidad.

A las semanas, un despido masivo, típico de éstas épocas, me alejó de esas ruinas. Pero mi corazón y mi pena se quedaron ahí, enterradas. Me fui con la rabia de no poder haber salvado de la muerte a un gran amigo.

Esas penas duelen mas que un mal de amores, definitivamente: Un animal solo te produce buenos sentimientos y maldito es el que los maltrata o causa daño.

Me ha tomado años escribir sobre Spike, y esta triste noticia de mi amiga Ziortza me ha impulsado a escribir unas líneas sobre él: sé que me espera, al igual que Yaku a ella, en el cielo de los perros, lugar al que solo algunos humanos privilegiados podemos entrar.

La página de mi amiga Ziortza aquí

>¿Abuelo, dónde está Dios?

>
Un día yo pregunté:

¿Abuelo, dónde esta Dios?
Mi abuelo se puso triste,
y nada me respondió.

Y que naide le pregunte
si sabe dénde esta Dios:
Por su casa no ha pasado
tan importante señor.

¿Qué Dios vela por los pobres?
Tal vez sí, y tal vez no.
Lo seguro es que Él almuerza
en la mesa del patrón.

Atahualpa Yupanqui – Preguntitas sobre Dios

Cuando hace unos años Monseñor Juan Luis Cipriani fue elegido Arzobispo de Lima, gracias a presiones del elitista Opus Dei y el Fujimorato gobernante entonces, lo primero que pensé fué en las horas tristes que le esperaban al Externado Santo Toribio, mi alma mater, el colegio católico más antiguo del Perú (1847), que depende directamente de la Diócesis limeña.

No me equivoqué: en unos años decaímos en prestigio, despidiendo a profesores de larga trayectoria, retirando las becas a los alumnos, pasando en una década de 2 mil a 300 alumnos, cifra ridícula para un colegio símbolo del tradicional y popular distrito limeño del Rímac.

Pensé que mi alma mater sobreviría al cuervo y su secta, a su acoso constante, a su media verdad, tan lejos de los valores del cristianismo, como lo demostró en su apostolado en Ayacucho, rechazando las denuncias de miles de campesinos desaparecidos por el ejército, pero no fue así.

Es que Cipriani es un resentido que siempre tuvo una gratuita animadversión al Externado, por ser éste uno de los preferidos de su antecesor, el recordado Vargas Alzamora, quien fue vejado por la dictadura fujimorista. Incluso Martín Sanchez, secretario de Vargas, quién enseñó en la escuela cuando diácono, fue difamado, vejado y separado de la Iglesia.

El cuervo tiene un apetito voraz, insaciable. No contento con enriquecer a su secta, Juan Luis Cipriani a través de sus esbirros cierra arbitrariamente un colegio de 164 años de vida, rematando su amplio local a una constructora de pocos escrúpulos.

Pero no vale llorar ante hechos consumados, los miles de ex-alumnos la lucharemos desde toda trinchera, así nos repriman o excomulguen, la lucharemos.

¿Dónde está Dios? Seguro que en la Catedral de Lima no está.

Ver También :

Crónica Viva
Protesta y tristeza infinita
Malas palabras

>Supón que en un trabajo productivo

>

Supón que hay una tarde para el cine
y que he llegado una hora después,
porque la ruta extraña en la que vine
no era para acá, sino al revés.
Supón que la pantalla te ilumina,
que rompe y que sujeta tu perfil.
Supón tu mano un ave recogida,
y un cazador, sin más fusil
que un dedo tímido, va a abrir
el sí o el no del porvenir.
Supón que no eres sorprendida
y supón que ya eres mi canción.
Silvio Rodríguez – Supón


Y un día, el sin suerte cortó su mala racha, y conoció el amor en tonos de mi colores:

Desde el sereno azul al cálido rojo, del amarillo brillante al tenue gris, todos en la piel de la muchacha de ojos grandes que supo hacer del amor un aprendisaje a dos bocas, luego de muchas veredas recorridas a besos, de madrugadas a la luz de las velas y el cantar de trovadores aficionados y charlas infinitas, preludio de abrazos pegados.

Fué entonces en que ambos fueron canción, mejor que soñada.

>Intranquila niña loca

>


Lima, intranquila niña loca, en las calles alborotas con tu ropa.
Lima, siempre hablas con el río y besas en el puente al mar.
Piero Montaldo – Intranquila niña loca

Amo y odio Lima, eterna ciudad gris, cielo color panza de burro peruano del Perú, perdonen la tristeza vallejiana.

Lima de contradicciones: niños haciendo malabares en las pistas para comer o regresando de vacaciones por el Caribe, inmensos centros comerciales a 20 minutos de villas miserias, ejecutivos con departamento vista al mar y recicladores junto a un río contaminado.

Monstruo de 9 millones de cabezas, testigo de marchas y contramarchas, rebeliones fracasadas o traicionadas, que se reinventa a espaldas de la historia oficial, a despecho de los señoritos que se retiran donde el aire les apesta menos, junto a playa o lago privado.

Ciudad de chisme y cortinas de humo, recuerdo sus lacrímogenas, varas de oficial y pedradas de pandillero, sus barriadas y casitas de barrio alto, donde conocí fascistas y ex-guerrilleros.

Asilo de los últimos poetas bohemios, emporio de mercaderes, traficantes y mercenarios de la palabra. Lima, la intranquila niña loca que canta el trovador criado en sus calles, tiene mi corazón solidario, pese a todo.

Desde este lugar de las últimas nieves perpetuas añoro sus calles estrechas, tráfico al estilo Calcuta, el olor a comida impregnada en cada vereda del Cercado, Lince, Rímac o Barranco, el calor filial, los amigos buenos, los que perdí y el corazón que me espera.

>Construyamos un nido.

>


-¿Dónde, dónde están?
-¿Quiénes?

-¿Dónde, dónde están?
-¿Quiénes? ¿Quiénes?
-¿Dónde están?
-¿Quiénes? ¿Quiénes?
-Los hombres…

Imagen original : Fernando Barragán Muñoz

-No sé.

Mira, copos de ceniza… ¡Copos de ceniza… ceniza… ceniza…!

-Han volado todos…
-¿A dónde, a dónde?
-No sé.

Construyamos un nido.
Sí, un nido, un nido.

-Pero… ¿Dónde?

¿Dónde, dónde, dónde, dónde, dónde…?

Eugen Jebeleanu/ Guaraní – Serrano

A Yuji Seki, Sensei

Era un Día de sol serrano en aquél pueblito de casas de barro y ruinas de piedra: Pacopampa aún conservaba ese fresco aire campestre, de pan tibio y agua cristalina, lejos de cielos grises y relaves mineros.

A treinta minutos de buen andar, llegaban cada mañana a una imponente ruina, resto de un centro ceremonial de milenios idos, que dormitaba como pétreo vigilante de aquella idílica aldea de cuatro calles.

Allí, jóvenes arqueólogos – al frente del viejo sensei con estricta disciplina, espíritu incansable y franca carcajada – rescataban del olvido tanto conocimiento de antaño, tanta identidad extraviada en los senderos de la historia.

Pero ese día todo era distinto. El viejo sensei no preparaba el desayuno como gustaba, menos bromeaba, las órdenes las impartía con honda melancolía.

Al término de la jornada, el sensei se retiró a sus aposentos, ante la sorpresa de sus alumnos.

– ¿Le pasa algo al Doctor, está enfermo, acaso? – preguntó uno de ellos.

– Es por Hiroshima y Nagasaki- contestó un discípulo, lacónicamente.

Entonces, al mirar el calendario, recordaron aquél nefasto seis de agosto de 1945, cuando un asesino llamado Harry S. Truman, entonces presidente de los EEUU, convirtió la vida de 70 mil personas en solo copos de ceniza, el día en que los pájaros cambiaron sus trinos por gritos de espanto.

Ver También: