>Si me matan, no importa

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Si me matan, una rosa roja
modelo de mi corazón
es el amor que te dejo.

Si me matan, no importa
nuestra causa seguirá viviendo
otros la seguirán.

El porvenir es brillante.

 
Carta Mínima a mi mujer, Ricardo Morales Avilés
Hoy día, hay  hombres y mujeres que luchan hasta el límite de sus vidas, por libertad y dignidad. En Libia, Egipto, Marruecos, Túnez, Bahrein, Arabia, Yemen. Se han unido a los que día a día combaten y son asesinados en Palestina y Gaza por el estado terrorista de Israel.
Tiranos sostenidos por las potencias occidentales, otrora revolucionario que ahora parece un viejo cantante de rock con síndrome de abstinencia, reyezuelos que nadan en petróleo pero tienen a su país sumido en un apartheid. Todos ellos miraron para un costado la desgracia de sus hermanos palestinos a cambio de las bondades del capitalismo: inversiones extranjeras, bonitas cifras de crecimiento, millones de euros en sus arcas personales.
Pero, como siempre pasa en la historia de la humanidad, la realidad les explota en la cara: un pueblo que no tiene miedo a la muerte es invencible.
Solo espero qué, a estos tiempos de guerra, les suceda tiempos de paz desde Túnez hasta Gaza, y no luchas fraticidas que desangren más al pueblo, ni teocracias que llamen al odio en vez del amor, ni nuevos protectorados de potencias extranjeras, administrando ese oro negro que mueve al mundo.


>Dos hombres que se aman

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Dos almas
dos cuerpos
dos hombres que se aman
van a ser expulsados del paraíso
que les tocó vivir.
Y sienten
que pueden
en cada mañana
ver su árbol, su parque, su sol,
como tú y como yo.
Pablo Milanés – Pecado Original
A los que luchan contra la intolerancia.
(I)
– Ayer la policía me masacró por ser homosexual.
– La policía no lo hizo porque seas gay.
– No me digas, ¿entonces por qué lo hicieron?
– Porque eres un ciudadano de segunda clase, al igual que los maestros, campesinos, obreros. La polícia reprime a todos por igual.
– ¿Y por qué soy un ciudadano de segunda clase?
– Es que eres un maricón.
(II)
– No me parece que la policía golpee a los gays, pero ellos provocaron esa violencia.
– ¿Intentaron incediar la Catedral? ¿agredieron a los polícias?
– No, ¡se estaban besando! !Qué agresivos!
(III)
– Cuando ví que esas lesbianas se estaban besando entre ellas, le tapé los ojos a mi hija, que barbaridad.
– Hiciste bien, hay que cuidar la inocencia de nuestros bebés… ¿Y que hiciste después?
– Se los volví a abrir para que vea como la policía agarraba a palazos a esos invertidos.
(IV)
– Si te defines de izquierda, ¿cómo puedes ser homofóbico?
– No veo nada de malo, en Cuba los encierran y reeducan a esos maricones.
– Eso era antes, felizmente ahora incluso la sobrina del mismo Fidel es defensora de los derechos de las minorías sexuales.
– ¡Entonces es una revisionista! La revolución perdió la brújula.
– No es eso, pasa que se están despojado de las taras y prejuicios del pasado, aquellas que aplastan cerebros como los tuyos.
(V)
– Si dejan a los gays casarse, estarían atentando contra mis derechos.
– ¿Y qué derecho atentarían?
– Mi derecho a discriminarlos.

(VI)

– No te entiendo, ¿Porqué defiendes a los gays, si no lo eres?
– ¿Tu eres awajun?
– No.
– ¿Los defendiste cuando el gobierno los masacró en Bagua?
– Si, claro.
– ¿Tu eres campesino?
– No.
– ¿ Protestaste cuando el gobierno los acribilló en Espinar?
– Por supuesto.
– Ya respondí a tu pregunta.

>Hay rosadas, verdecitas…

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Hay rosadas, verdecitas,
blanquitas y celestitas,
las casitas del barrio alto
todas hechas con recipol.
Hay dentistas, comerciantes,
latifundistas y traficantes,
abogados y rentistas
y todos visten polycron.
(y todos triunfan con prolén)
Las Casitas de Barrio Alto – Malvina Reynolds / Víctor Jara

Las hay en Perú o Ecuador, pueden llamarse Samborondón o Asia (“eishia” para sus habitantes). Los dueños del país se han ido a vivir lejos de las urbes invadidas por esa masa de inmigrantes que ellos llaman turba,  donde el aire es limpio, las playas son privadas y sus habitantes son blancos, descendientes de consignatarios del guano, negociadores de la deuda externa, fundadores de Bancos, dueños de diarios, narcotraficantes que limpian su prontuario financiando campañas, comprando minas o casando a sus hijos con niñas de apellido compuesto.
Todos son miembros del Club Nacional, esa logia que elige a dedo a los futuros presidentes, promocionándolos como el “mal menor” gracias a sus miedos de comunicación, para que esos millones de compatriotas que sobreviven con $3 al día voten por ellos, engañados con la promesa que el país  crece a 10%, que Toledo subirá los salarios (él se aumentó el suyo en  $20 mil), que el remate de las riquezas cuando PPK fue ministro es un bluff creados por enemigos de la patria, que no importa que Castañeda robe si construye escaleras en la punta de los cerros, que Keiko Fujimori no va a  indultar a su padre asesino y ladrón. En suma, afirmarán que en nuestro país nadie se muere de dengue y no hay analfabetos.
Se sonrien y se visitan, celebran que todo está atado. Y si algo les sale mal, si esa masa a la que desprecian les da espalda y eligen a otro, seguro que los de las casitas de barrio alto, desde de sus burbujas con aire acondicionado, se juntarán para luchar por la democracia, vía twitter y facebook, mientras separan pasajes a Miami, Aruba o algún pedacito de paria que añoran.