>Mas yo seguiré soñando travesuras

>

Dirán que pasó de moda la locura,
dirán que la gente es mala y no merece,
mas yo seguiré soñando travesuras
(acaso multiplicar panes y peces)
Silvio Rodríguez – El Necio

 
A Silvio rodríguez, trovador y necio.

Imagínate y supón que la era está pariendo un corazón por quien merece amor como una canción urgente,  para secar un llanto en estos días del reino de Todavía, cuando dan ganas de soltarlo todo y largarse por causas y azares, tocando fondo la vida, del sueño a la poesía, esperando el día feliz que está llegando con diez años de menos, cual trovador errante de barro negro que no quiere estar lejos de la casa y el árbol, y se demora, dejando en testamento paladar, ala de colibrí, caballo místico y rabo de nube. 
 
El Trovador antiguo los dejó al porvenir, a la familia, la propiedad privada y el amor…¿Qué se puede hacer con el amor? Sólo el amor que ya vivió, que ya se fue, al son desangrado de una pequeña serenata diurna, preludio de sueño de una noche de verano y mujeres soles, ¡oh Melancolía!

En este monólogo – esto no es una elegía – río y te doy una canción, la canción del  joven soldado, del elegido que llegó de San Antonio de los Baños, y de Mariana que quiere ser Eva. En esta canción planteo el necio problema de andar como hormiguita, trepando el dulce abismo, como el rey de las flores, entre  mariposas, desnudo y con sombrilla, juntito a la mentira y la verguenza, cual escaramujo; sin mirar hacía el porvenir ni preguntar: ¿Qué hago ahora?, entre flores nocturnas y sueño valseando, ver navegar nubes de alivio, sin pensar en cierta historia de amor y en el viento, que eres tú.  

 
Anuncios

>Viva el harapo, señor

>

 Imagen Tomada de aqui


Que fácil es suspirar
ante el gesto del hombre que cumple un deber
y regalarle ropitas
a la pobrecita
hija del chófer.

Que fácil de enmascarar sale la oportunidad.
Que fácil de apuntalar sale la vieja moral,
que se disfraza de barricada
de los que nunca tuvieron nada.
Qué bien prepara su máscara el pequeño burgués.


Que fácil es escribir algo que invite a la acción
contra tiranos, contra asesinos,
contra la cruz o el poder divino,
siempre al alcance de la vidriera y el comedor.
Silvio Rodríguez – Canción en harapos
En un país donde reunirse en las calles y parecer “hostil” puede ser delito o causal de ser baleado por la policía, puede sonar irónico afirmar que las redes sociales son señales de activismo en ebullición, con miles de personas adheridas a múltiples causas que llenan cada rincón del Facebook o Twitter.
Gracias a la invitación de Juan Arellano (@cyberjuan), me he permitido intentar responder algunas interrogantes : ¿Es posible ser voluntario en tiempos marcados por el individualismo? ¿Cúal es la diferencia entre el activista y el oportunista? ¿Cuándo termina la solidaridad y empieza el egoísmo? . Quizá al término de estas líneas tenga mas preguntas que respuestas, pero vale la pena el intento.

El Voluntario y el individualismo

Vivimos tiempos en que lo gremial es vilipendeado, la búsqueda del bien común es letra muerta y la desconfianza prima entre extraños. En este contexto las redes sociales surgen en determinados estratos como un producto comprensible: el individuo no necesita salir de su casa, visitar un café o una plaza para socializar.

Puede el individuo desde su hogar invitar a la acción o al boicot, construir su conciencia,  participar desde su individualismo en diferentes campañas: contra el hambre, la miseria, la guerra, a favor de los pobres o los animales abandonados, en cualquier parte del orbe.

La pregunta es ¿cuánto de indignación  y de compromiso verdadero hay en eso?  Aproximadamente solo un 10% de los inscritos en algún activismo virtual pasa a la real acción; sea en marchas, plantones,  adhesiones con firmas, donaciones o visitas como voluntario. Siempre escucho maldecir que a una  convocatoria lleguen apenas 10 personas cuando se han apuntado 100.

Es díficil ser activista cuando desde la escuela te meten en la cabeza la necesidad de ser “líder” y alcanzar el “éxito”. Es necesario ir contra la corriente y apartarte de esos esquemas mentales en primera persona, para pensar en el prójimo, confiar en el y tomar partido por sus causas activamente.

El activista y el oportunista
No es fácil ser activista. Se necesita de constancia, compromiso y mucha fortaleza moral para no quebrarse al ver tanta injusticia, dolor y desigualdad. No es solamente asistir a eventos, llevar donaciones, salir en las fotos y esperar un nuevo llamado o el próximo año para sentirse un poco con la conciencia tranquila.
El activista es una persona realmente comprometida con las causas a las que se une. Conoce el origen del problema y participa buscando una solución más allá del bálsamo, ensuciándose la camisa sin temores, distinciones o prejuicios hacía el otro. 

El oportunista parte de su propio ego o sus demonios internos, cree en la caridad pero desconoce la justicia. Sabe que, mostrándose solidario o activista puede ganar cierto prestigio en ciertos círculos sociales a los que nunca tendría acceso.Y en esta era, donde la imagen lo es todo, conviene más las máscaras que la toma de conciencia.

El activista y el oportunista pueden coincidir y mezclarse, ¿cómo diferenciarlos, sea en vivo o virtualmente? Al oportunista solo lo ves defendiendo los derechos de los “visibles” – personas con cierto status – pero calla cuando se trata de defender a los “invisibles” – los anónimos – ya que de ellos ganará poco o nada. 

El activista no se aggiorna, el oportunista hace de eso una forma de vida. Recuerdo cuando ocurrió la masacre de Bagua las bizantinas discusiones de oportunistas, condenando el uso de la palabra genocidio, para lo ocurrido con los Awajun, mientras trataban de ocultar la inmensa culpabilidad del gobierno en tantos nativos y policías asesinados, dirigentes perseguidos, radios cerradas y periodistas presos con discursos tan penosos como ridículos.

Solidaridad y Egoísmo
Hace unos días, supe que un joven, de buena reputación en el mundo virtual y real, mejores contactos y familia bien, negó ayudar a una señora muy humilde, que hace una labor muy sacrificada para rescatar y mantener a casi 40 animales, entre perros y gatos. – “no los tiene en buenas condiciones”, habría espetado.

Meses atrás, un grupo de activistas 2.0 organizó un evento de caridad, donde parte de lo recaudado sería para una señora animalista con buena prensa y auspicios, pero que tenía serias denuncias de “eutanizar” animales sanos. Después del escándalo inicial decidieron no hacer descargos ni  dar explicaciones, por el bien de su buena imagen y prestigio: “el tema está superado, no nos van a destruir”, pareciera ser su lema.

La pregunta es ¿No se debe ayudar a los que más lo necesitan? ¿La solidaridad solo debe ser para los que si tienen y así sean mejor publicidad?

Se supone que es deber de los que se llaman activistas 2.0 y reciben miles de soles en donaciones ayudar los casos mas urgentes. A veces el ego o la soberbia se disfrazan de buenas intenciones. Afortunadamente, lejos de los followers y los miles de amigos del Facebook, se juntan los voluntarios de a pie, construyendo casas de ladrillo sobre otrora tierra y cartones si fuese necesario.