>Se la pasa manoseando caramba zamba su dignidad

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Arrímese mas pa’ ca
aquí donde el sol calienta,
si uste’ ya está acostumbrado
a andar dando volteretas
y ningún daño le hará
estar donde las papas queman.

Usted no es na’
ni chicha ni limoná
se la pasa manoseando
caramba zamba su dignidad.

 

Víctor Jara – Ni chicha ni limonada
Como una veleta en ventisca, el oportunista va sin dirección, solamente guiado por su olfato, en busca de  su  propio beneficio: de sur a norte, de derecha a izquierda, y viceversa.

No duda en traicionar su propia palabra, ya que el honor – como la amistad – para él es circunstancial: el oportunista, que siempre votará por el mal menor, la mentira travestida de verdad,  consolándose pensando  todos son iguales a él. 

El que siempre cuando llueve no se moja, que prefiere andar por la sombrita cuando las papas queman, el que no es ni chicha ni limoná, mira aterrorizado cuando la fiesta popular comienza y él no ha sido invitado.

Entonces el oportunista hará lo que mejor sabe hacer: adular de frente y golpear de espaldas, sirviendo como caja de resonancia ante los panfletos de quienes dicen amar la democracia, pero la boicotean cuando su candidato – el favorito de los medios, los inversionistas y los corruptos –  pierde ante sus propios ojos desesperados.


 
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>Lárguese la escarcha, vuele el colibrí

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Venga la esperanza,
venga sol a mí.
Lárguese la escarcha,
vuele el colibrí.
Hínchese la vela,
ruja el motor,
que sin esperanza
¿dónde va el amor?

Venga la esperanza,
pase por aquí.
Venga de cuarenta,
venga de dos mil.
Venga la esperanza
de cualquier color:
verde, roja o negra,
pero con amor.
Silvio Rodríguez – Venga la esperanza 

Vivo en un país donde el presidente se pasea con una top model, inaugurando un Centro Comercial; mientras ancianos con cáncer reclaman que el Seguro Integral de Salud los ha abandonado.

En estas tierras el progreso se mide en cuánto gas exportamos, sin importar cuántos millones de niños no desayunan y dejan la escuela para pedir dinero en las esquinas a cambio de caramelos.

Hace unos días el gobierno redactó decretos que quieren exculpar a sicarios con uniforme por crímenes de lesa humanidad, pero a la vez con hipocresía declaran la guerra al crimen organizado que ellos fomentan.

Algunos pasquines neonazis, arrecian temorosos contra la izquierda con adjetivos como  rojo, caviar, terrorista. Otros políticos ultra-conservadores se pasean por las calles con su mejor sonrisa, criticando el regreso de ideas trasnochadas como el respeto al ciudadano y sus derechos humanos: razón tenía Roque Dalton cuando decía : “No olvides que el menos fascista de entre los fascistas es también fascista“.

 Hace poco mas de un año la selva de Bagua se tiñó de sangre en una masacre que se pudo evitar con un mínimo de respeto a los derechos de los Awajun y las comunidades amazónicas: ningún funcionario del gobierno ha sido condenado por los muertos, mientras algunos especialistas doran la píldora con reflexiones pseudo-sociológicas. Ahora los Ashaninkas están en peligro de perder sus tierras por una hidroeléctrica que inundará todo a su paso.
Las calles de las ciudades pujantes están llenas de restaurantes, hoteles y tiendas, pero en cada esquina hay niños y ancianos desamparados, locos deambulando, perros callejeros en pena.  Para el capitalismo salvaje los que no sirven ni para ser explotados simplemente no existen, son invisibles.
Podría llegar hasta el mismo infinito relatando los mil y un problemas del país mío, pero mejor es recordar que por cada villano conocido en mi patria hay tres anónimos honestos, por cada desleal que traiciona su palabra hay tres que la honran, por cada oportunista hay dos que luchan por los derechos del prójimo todos los dias.
Y ese es mi país, al que recorro desde hace media vida: le pueden privatizar todo, menos el alma y la esperanza en un futuro mas justo, menos desigual, a pesar del odio de los dueños del paraíso prometido.
 Venga la esperanza, que venga y no demore: que se quede y se haga realidad.