>Por eso manda verdugos

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Sé que todas las palabras
con que le canto a la vida
vienen con muerte también.
Sé que el pasado me odia
y que no va a perdonarme
mi amor con el porvenir.
Los amigos transcurren sus vidas, cada uno en su propia trinchera, en constante lucha por el porvenir. Podrán tener distintas religiones e ideologías, vivir en la sucursal del cielo o junto a los cóndores, ser (a veces) canallas o hidalgos, pintores o viajantes. Pero los une el respeto entre ellos y una constante búsqueda por la felicidad: en el pequeño hijo, mujer amada, obra de arte o una causa justa.

Así, dispersos por los cuatro puntos cardinales, pueden reunirse cada cierto tiempo en Lima gris, para conversar de la vida y la muerte, en tertulias amenas con mojitos aprendidos en la isla, mientras un triste cronista intoxicado, huérfano de amigos y coherencia, traiciona al último que le tendió la mano.

La vida es así, siempre habrá quienes tienen un compromiso por la vida, y los otros, infames verduguillos que viven en la  indigencia de la vía expresa de la miseria, atentos a la zancadilla para con el prójimo, en un ésteril intento por llenar sus vidas vacías de amor, pero llenas de envidia.

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>Pero si tu atentas en contra de mi vida

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Que no me saquen pa’ fuera lo de indio Araucano
El ejercito del pueblo en primer plano
El coro! pa que suene bonito no necesitamos piano,
dale!! Hey!!

Llegale aqui, a mi guarida
Jura’o to’ el mundo aqui es pura vida
Pero si tu atenta en contra e mi vida
Quizas una bomba suicida
Haga el trabajo.


Llégale a mi guarida – Calle13 & Vicentico

Un día los hombres del sur retaron al Señor de la guerra y de la cruz, rompiendo las cadenas del Tratado de libre comercio, a pesar del riesgo de sufrir una guerra preventiva por pasarse al bando del eje del mal.
Cansados de las  promesas incumplidas del Virrey de su país, ahora llamado Presidente de la República, desde el Arauco hasta Chiapas bloquearon carreteras, pese a las condenas de los traidores del siempre, los que otrora fusilaron al Cura Hidalgo o descuartizaron a Tupac Amaru y ahora deportan sacerdotes y exilian Apus por estar  del lado del pueblo y no de sus asesinos.

>Los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo

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Los guanacos hijos de la gran puta, 
los que apenitas pudieron regresar, 
los que tuvieron un poco mas de suerte, 
los eternos indocumentados, 
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo, 
los primeros en sacar el cuchillo, 
los tristes mas tristes del mundo, 
mis compatriotas, 
mis hermanos.  
Roque Dalton – Poema de amor 
  
Oía un viejo nuevo poema en canción, grabado en la clandestinidad de algún lugar de El Salvador en las épocas donde lo blanco era blanco, rojo era rojo, negro era negro y la muerte era vida, o viceversa.

Al poeta lo mataron a balazos sus entonces camaradas de lucha, acusándolo de reaccionario, burgués y espía de la CIA. El juicio fue sumario e implacable, pero mayor fue el de la historia:  Joaquín Villalobos, uno de los asesinos de Roque Dalton ahora es lacayo de esa gavilla de delincuentes, terratenientes y torturadores que es la ARENA, criticando todo gobierno de izquierda en Latinoamérica, ganando por ello elogios de intelectuales mercenarios como Vargas Llosa y Montaner. A cambio, la palabra de Roque permanece inmortal y vigente, a pesar de las casi cuatro décadas transcurridas de su infausta muerte.

Hoy, se siguen acribillando latinos en las fronteras del primer mundo, los que llegan a cruzarla son acusados de delincuentes, eternos interfectos, convertidos en mano de obra barata. Pocos regresan o logran enviar remesas a sus familias que se quedan en esta parte del mundo donde los diarios y el gobierno nos siguen vendiendo postales de un país de cielo celeste, con el segundo mejor himno del planeta, la artesanía o comida reconocida mundialmente, en su misión por ocultan derrames de relaves en rios altoandinos, colegios y autopistas sobrevaluadas por coimas, niños que cumplen años vendiendo caramelos en las calles, para que políticos con doble moral y doble cuenta en Suiza siempre lleguen a presidente.

Mientras tanto, dentro o fuera de las fronteras del país violado, millones de latinos siguen siendo los eternos indocumentados, inventores crónicos de trabajos que no son trabajos y que los economistas llaman alegremente sub-empleo. Todos ellos forman ese país que empieza en el último paradero de buses, exactamente donde termina el asfalto y nace el arenal, los silos y techos de cartón: donde termina el plástico y comienza el territorio de mis compatriotas, los tristes mas tristes del mundo, pero llenos de esperanza.