>Me dicen el clandestino

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Solo voy con mi pena
Sola va mi condena
Correr es mi destino
Para burlar la ley
Perdido en el corazon
De la grande Babylon
Me dicen el clandestino
Por no llevar papel





En este sistema podrido, donde trabajar es un delito, protestar es criminal y negarse a matar ciudadanos es sancionado por gobiernos fantoches, aquellos invisibles que forman la espalda del mundo serán siempre clandestinos, desechables; dentro de su propio país y fuera de el.




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>Pobre del cantor…

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Pobre del cantor de nuestros días
que no arriesgue su cuerda
por no arriesgar su vida.
Pobre del cantor que nunca sepa
que fuimos la semilla
y hoy somos esta vida.


Pobre del cantor que sus informes
le borren hasta el nombre
con copias asesinas.
Pobre del cantor que no se alce
y siga hacia adelante
con más canto y más vida.

Pablo Milanés – Pobre del cantor

Pobre del cantor que prefiera cantar a las musas, mientras mineros y campesinos mueren a balazos, día a día en su patria. Miserable aquél juglar que gusta cantar en Catorce de Febrero y el Primero de Mayo u Once de Septiembre brilla por su ausencia en La Alameda. Triste la vida del que se llama cantor de la paz cuando en su país fosas de falsos positivos le reclaman al menos un verso. Pobre del cantor que se acostumbra a estar cerca del poder, a la lisonja de teatros y estadios, y se olvida que un trovador es una fábrica de ideas, que se debe al pueblo y su lugar siempre serán las calles de su pago, donde se nutre de esa savia que hace su canto libre.

>Estropeando la vejez a oxidados dictadores

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Papá cuéntame otra vez todo lo que os divertisteis
estropeando la vejez a oxidados dictadores,
y cómo cantaste Al Vent y ocupasteis la Sorbona

en aquel mayo francés en los días de vino y rosas.

Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada
y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada,
al final de la partida no pudisteis hacer nada,
y bajo los adoquines no había arena de playa.

Fue muy dura la derrota: todo lo que se soñaba
se pudrió en los rincones, se cubrió de telarañas,
y ya nadie canta Al Vent, ya no hay locos ya no hay parias,
pero tiene que llover aún sigue sucia la plaza.


Ismael Serrano – Papá cuéntame otra vez

No era mayo francés, ni tampoco primavera de Praga, pero a fines de los noventa Lima estaba en ebullición: cientos de miles de jóvenes salimos a las calles para recobrar la dignidad de un país prostituído por la mayor dupla de bandidos que ha existido jamás: los ahora presos por corruptos y asesinos Fujimori y Montesinos.

Salimos a las calles, sin importarnos las distintas represalias: dentenciones, expulsiones de las viviendas universitarias, apaleamientos o bombardeos de lacrímogenas y vomitivas. Éramos de distintas tendencias políticas pero con un solo sentimiento de indignación: fue muy dura la batalla y ante la aparente derrota, el podrido fujimontesinismo cayó como castillo de naipes por una delación desde sus entrañas corruptas.

Ahora, más de una década después, parece todo oscuro: los estudiantes que antes morían calcinados en Cantuta ahora son reemplazados por mineros abaleados en Chala, los asesinos de antaño son apañados por los demócratas de hoy, los defensores de asesinos ahora son congresistas con impune inmunidad parlamentaria que amenazan a los otrora estudiantes que una década atrás contribuímos a que su jefe mafioso ahora esté preso.

Pero no importa lo que digan asesinos, esbirros y tristes títeres sedientos de poder, podrán acusar sin pruebas, amenazar solapadamente, usar documentos fraguados, testigos falaces y cobardes, pero jamás intimidarán a aquellos que tenemos algo de dignidad, que podremos decir a nuestros hijos que un día estropeamos la vejez a oxidados dictadores, dejando la comodidad del hogar, cosa que jamás podrán decir aquellos que siempre los han defendido y hasta ahora viven a la sombra de ese cáncer social peruano que es el fujimontesinismo.

Si antes no tuvimos miedo al reglaje, la amenaza explícita de un asesino como Fujimori, menos vamos a amedrentarnos frente a un pobre señor que estrena ojeras ante el levantamiento por unanimidad de su inmunidad parlamentaria por la Corte Suprema, acusado de recibir dinero sucio por parte de Montesinos, siamés político de su adorado tirano.

>Escucha mis palabras oh Señor

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Escucha mis palabras oh Señor
Oye mis gemidos
Escucha mi protesta
Porque no eres tú un Dios amigo de los dictadores
ni partidario de su política
ni te influencia la propaganda
ni estás en sociedad con el gángster.

No existe sinceridad en sus discursos
ni en sus declaraciones de prensa
Hablan de paz en sus discursos
mientras aumentan su producción de guerra
Hablan de paz en las Conferencias de Paz
y en secreto se preparan para la guerra


Sus radios mentirosos rugen toda la noche

Sus escritorios están llenos de planes criminales
y expedientes siniestros
Pero tú me salvarás de sus planes

Hablan con la boca de las ametralladoras
sus lenguas relucienteslas bayonetas…
Castígalos oh Dios
su política
confunde sus memorándums
impide sus programas
A la hora de la Sirena de Alarma

tú estarás conmigo
tú serás mi refugio el día de la Bomba

Al que no cree en la mentira de sus anuncios comerciales
ni en sus campañas publicitarias, ni en sus campañas políticas
tú lo bendices
lo rodeas con tu amor
con tanques blindados.

Ernesto Cardenal, Salmo 5

Prefiero los salmos de Cardenal, que transpiran al Dios que está en todos los hermanos que sufren, no en las mesas de los poderosos que oprimirán siempre, hasta que un día se tome el cielo por asalto, como en el mito griego.