>Solavaya, aves de malagüero.

>

Ahórrense cumplidos y sudores,
pronósticos de ingenio o decadencia;
llevo mil años con enterradores

y sé de sus señuelos y ocurrencias.
Quien necesite hundirme entre las flores
sólo precisa un poco de paciencia.

Tiñosas, lagartijas, esperpentos,
aburridos batracios y loqueros.
aún corre la sangre en mi instrumento,

solavaya, aves de malagüero.
Mundo feroz, lo digo en juramento:
enterrarme le va a roncar el cuero.


Me quieren – Silvio Rodríguez

Acostumbrado a lidiar con lisonjas de ofidios y malas canalladas de gatos negros, el hombre del otro día sonreía al contemplar el cómico espectáculo que la miseria humana puede ofrecer por solo unas monedas infames de celebridad como recompensa.

Es que sabe bien que ante los felones y sibilinos de siempre se presentaría desnudo, con una guitarra armada y un fusil con cañón de futuro.


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>Para esos asuntos no he crecido mucho todavía

>

Yaku (+), el mejor amigo de Ziortza por una década.

El infortunado Chocolate (+)

Spike (+), mi mejor amigo en las ruinas (2008)


Lobo, yo sí te recuerdo. Yo también sabía
dónde, cómo y cuándo dormías tu sueño.
Para esos asuntos no he crecido mucho todavía.

Cómo no iba a recordarte, si estás ahí desde mi niñez,
en un paisaje diferente pero igual,
si a todos nos pasó una vez.

Cómo no iba a recordarte, si tu misterio es más feliz
que muchas cosas que tenemos que contar
a costa de una cicatriz.

Silvio Rodríguez – Discurso fúnebre

Siento que he descuidado un poco a los amigos de blog, aquellos que rompen las distancias con la fuerza de la amistad. Por trabajo ya no los visito mucho, aunque siempre es una agradable sorpresa conocer de ellos.

Por desgracia, la vida nos trae dolor, como el que le llegó a mi amiga Ziortza, con la dolorosa muerte de su mejor compañero, un perrito llamado Yaku, de ojos tan humanos que ablandan el corazón más duro.

Testigo he sido, a la distancia, del inmenso amor que unía a Ziortza con Yaku, era su amigo fiel de aventuras y correrías allá en los bosques vascuences, su refugio en los momentos tristes y felices.

Entiendo la enorme pena que debe embargarla, mi alma también tiene una herida que el tiempo no cura del todo, nunca.

En el 2008 llegó Spike a mi vida, allá en el valle cálido lleno de ruinas donde trabajé unos meses. Era un perro abandonado por sus dueños que se ganó el cariño de todos, incluído el mío. Lastimosamente un día Spike regresó enfermo, necesitando una transfusión urgente de sangre.

El donante fue Chocolate, a quien salvamos de un sacrificio absurdo. La transfusión fue exitosa, Spike se quedó al cuidado de nosotros en el trabajo y Chocolate fue adoptado por un colega.

Pero Spike no mejoraba y caía enfermo constantemente, pese a los cuidados y las vigilias. Después supimos que el donante tenía la terrible distémper: ambos murieron a los pocos días.

Spike fue enterrado cerca de las ruinas, como eterno guardían de un lugar donde se le quiso mucho y nos regaló felicidad.

A las semanas, un despido masivo, típico de éstas épocas, me alejó de esas ruinas. Pero mi corazón y mi pena se quedaron ahí, enterradas. Me fui con la rabia de no poder haber salvado de la muerte a un gran amigo.

Esas penas duelen mas que un mal de amores, definitivamente: Un animal solo te produce buenos sentimientos y maldito es el que los maltrata o causa daño.

Me ha tomado años escribir sobre Spike, y esta triste noticia de mi amiga Ziortza me ha impulsado a escribir unas líneas sobre él: sé que me espera, al igual que Yaku a ella, en el cielo de los perros, lugar al que solo algunos humanos privilegiados podemos entrar.

La página de mi amiga Ziortza aquí

>Siempre digo que pena haber nacido tan temprano

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Son dias de gloria, se le acercan mujeres
es el rey de la bola, le regalan placeres,
una de ellas le quiso, otra le quiso hundir,
la tercera le hundio, le rompio el corazon,
y tambien le rompieron en mil trozos la rodillaen aquel final de liga en sevilla.
Y ahora se maldice se mira y se lamenta.
por ese dolor de espalda, de pierna y de alma.
Siempre me lamento, siempre digo que pena haber nacido tan temprano, y si mas tarde hubiera nacido seguro que mas tarde me hubieran engañado.
Quijano – Balada del futbolista

Hace casi 4 décadas que paseó su talento innato, su dribling endiablado, su coraje de tez cobriza por el Camp Nou y los campos de la liga española, ayudando al Barça a ganar la temporada 1973-1974, incluído un 0-5 al Madrid en el Bernabeu.

Pero Hugo Sotil, el Cholo, ha sido tan grande que seguramente pasarán otros 40 años y seguirán búscandolo para entrevistarlo, cada vez que el Barça gane campeonatos, se recuerde el mundial del 70 o simplemente nos embargue la nostalgia por su juego para la tribuna, de fantasía.

¿Cúanto ganaría Sotil si jugara ahora? en esto tiempos en que un futbolista mediocre puede ganar millones de euros al año solo por correr y meter, seguramente el Cholo sería millonario, aunque ya es leyenda urbana sus andadas en Ferrari rojo, por la noche de Barcelona en sus años de gloria: Sotil lo derrochó en trago, malos amigos y mujeres, lo cual mermó su rendimiento. A los 30 ya tenía el físico de un veterano.

Es que además, era un jugador valiente que jamás le corría a la pierna fuerte: Sotil entraba a cada jugada para dejar todo en la cancha, sin pensar en jugosos contratos o cuidarse cuando jugaba para la selección peruana, a la que defendió en 2 mundiales.

Ahora Sotil pide una pensión de gracia, hasta hace unos años aún jugaba futsal y ganaba algo de dinero, pero sus sesenta y una lesión crónica a la rodilla solo le permite asistir a dar el play de honor. Tiene un hijo futbolista que heredó la quinta parte de su talento y todos sus vicios, pero le bastó para jugar en Polonia y al regresar ser tomado en cuenta en la liga local.

Ahora que escucho esta balada de Quijano, pareciera escrita para el genial y humilde cholo, aquél que pide ser enterrado con las sedas de la blanquirroja y del Barça, que le ganó en el salto al inmortal Figueroa -a despecho de su 1.69- para anotar e ir al mundial, que se escapó de Barcelona para jugar la final de la Copa América y marcar el gol del triunfo, que fue 500 veces más futbolista que aquellos limitados que ahora tienen su vida asegurada por unas temporadas em Europa pero no serán recordados ni en 5 años.