>Yo no sé si ha servido de algo o de nada

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Yo no sé si ha servido de algo o de nada
que haya habido pasado y que quede recuerdo.
Yo no sé si mañana pensaré lo que hoy vivo.
Érase que se era una vez.

Silvio Rodríguez – Érase que se era una vez.

Puede parecer fábula de tres hermanos o más.
Pero es una historia real que transcurre a través de décadas, casi como jugando.
Amigos a fuerza de andar nueves perpetuas, dulces abismos, playas remotas, siempre con olor a tierra, huaca y memoria. Siempre prestos a levantar al camarada perdido en esos teoremas que la locura a veces nos pone en el destino.
Es un gran privilegio mantener una hermandad, a pesar de la distancia, el viento y algún desencuentro de un día perdido en el calendario que se marcha.
Ayer surcaban los veinte, hoy besan los treinta. ¿Cuántas madrugadas de bohemia han pasado? ¿Qué calles los vieron marchar en mitines y respirar gas pimienta? ¿Se pueden reconocer ahora, vestidos de saco y corbata? Sí, cada sábado a las doce, con valses y vino, resucitando los viejos tiempos del érase que se era, a pesar de masacres en Bagua que son un golpe seco a la alegría.
Nota: Gracias a todos los que pasan y se detienen por aquí. Feliz 2010.
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>Querido Santi Clos yo te escribo

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Entonces, Santa Claus, es que no entiendo que
me hayas traído un camión de madera,

un dominó -que no es ningún Nintendo-

y sobre todo aquella mierda de trompeta.

Frank Delgado – Carta a Santi Clos

Navidad no tiene signo de vil metal.
No usa traje rojo, ni espesa barba blanca, menos lleva regalos en trineo tomando coca-cola.
En navidad no importa el dinero, a despecho que los centros comerciales. No vale el precio de los regalos, vale el amor con que se regala lo que no nos sobra.
Por eso, mi carta a Santa Claus, aquél farsante que se roba el espíritu de la navidad y lo troca por consumo, promete ser tan irreverente como ésta.

>Intranquila niña loca

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Lima, intranquila niña loca, en las calles alborotas con tu ropa.
Lima, siempre hablas con el río y besas en el puente al mar.
Piero Montaldo – Intranquila niña loca

Amo y odio Lima, eterna ciudad gris, cielo color panza de burro peruano del Perú, perdonen la tristeza vallejiana.

Lima de contradicciones: niños haciendo malabares en las pistas para comer o regresando de vacaciones por el Caribe, inmensos centros comerciales a 20 minutos de villas miserias, ejecutivos con departamento vista al mar y recicladores junto a un río contaminado.

Monstruo de 9 millones de cabezas, testigo de marchas y contramarchas, rebeliones fracasadas o traicionadas, que se reinventa a espaldas de la historia oficial, a despecho de los señoritos que se retiran donde el aire les apesta menos, junto a playa o lago privado.

Ciudad de chisme y cortinas de humo, recuerdo sus lacrímogenas, varas de oficial y pedradas de pandillero, sus barriadas y casitas de barrio alto, donde conocí fascistas y ex-guerrilleros.

Asilo de los últimos poetas bohemios, emporio de mercaderes, traficantes y mercenarios de la palabra. Lima, la intranquila niña loca que canta el trovador criado en sus calles, tiene mi corazón solidario, pese a todo.

Desde este lugar de las últimas nieves perpetuas añoro sus calles estrechas, tráfico al estilo Calcuta, el olor a comida impregnada en cada vereda del Cercado, Lince, Rímac o Barranco, el calor filial, los amigos buenos, los que perdí y el corazón que me espera.

>Tengo tu sonrisa en un rincón

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Vamos al mar,
vamos a dar
cuerda a antiguas vitrolas.

Músicas y versos
que brotaban
desde tantos rincones.

Tengo tu sonrisa
en un rincón
de mi salvapantallas.

Jorge Drexler – Salvapantallas

A Claudet

El está encima del mundo, cerca del hielo y la nieve. Lejos de la ciudad gris, trata de lidiar contra el frío que cala los huesos y la soledad.

Pero una figura en su salvapantallas le da la certeza que pronto estará mirando esa sonrisa de mujer amada, mientras ambos caminan en playas desiertas, para escribir sus nombres enlazados, a la luz de las estrellas y al sonido de las canciones prometidas.