>Y todo es culpa de mis manos

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¿Quién me lo iba a decir
cuando buscaba junto al mar
caracoles de dolor?
Si me llegan a conocer
por aquel tiempo, ay de mí:
hubiera sido hazmerreír y no yo.
Y todo es culpa de mis manos
—no han visto de cerca mis manos aún—:
son de metal, duro y blando, como yo.
Silvio Rodríguez – Derecho humano

Nacido un 28 de noviembre del 46, Silvio compuso esta trova confesional a los veintitantos, con la sabiduría y vivencias de un hombre entrado en los cincuentas. No en vano recién Derecho Humano fue grabada oficialmente en el memorable Mariposas (1999), para deleite de quienes tenemos sus letras tatuadas en la memoria.

¿Quién es Silvio Rodríguez? ¿Un trovador errante en Playa Girón, un hombre que proclama que la cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes y que se muere como vivió, dando las buenas noches a sus amigos y enemigos, en especial a los que proclaman su genio en decadencia?

Amado y odiado casi con la misma intensidad en Miami como en La Habana, en Lima como en Santiago, en Barcelona como en Luanda, En Montevideo, Baires o Managua; el Rodri ya ha dejado una huella indeleble en el canto con sentido que siempre será canción nueva.

Poco afecto a los homenajes – el los llama un funeral en vida – tres generaciones de trovadores cubanos se reunieron para celebrar sus sesenta, en dos conciertos donde sus viejas nuevas trovas se reinventaron en voces frescas y experimentadas, sea en la voz de su contemporáneo Augusto Blanca y su Paula, su alumno Santi Feliú con De una vez (compuesta con Pablito) o un joven Inti santana con el guije . Faltó un grande llamado Pablo Milanés, producto de un distanciamiento que no se puede explicar, pero que nadie puede juzgar.

Conocí la trova de Silvio allá por el 97, llegando para quedarse. Compañero de la vida en penas, alegrías, luchas, fracasos y satisfacciones, sus letras fueron ese amigo mayor que nunca falla.

Esperé una década para verlo en vivo, un concierto maravilloso en un lugar inadecuado. Pero, al día siguiente pude verlo a 1 metro de distancia, cuando mi Alma Mater le otorgó el Honoris Causa. Un emocionado Silvio habló de su deuda con Vallejo, de sus recuerdos de la Lima ochentera y álgida, de sus reflexiones sobre el sueño y la poesía.

Al final, cantó a capela y sin guitarra Rabo de Nube, como un manifiesto de vida: todos queremos un barredor de tristezas, con la necesidad de un derecho humano.

Ver También:

>Y yo postergo mis egoísmos

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Yo vivo en una isla dique
que ya no me puede contener
y el tipo que abre la compuerta
ni come ni deja comer
yo vivo en una isla doble
de doble moral y de doble moneda
y donde el sábado en la noche
parece que hay toque de queda.
Que cosa loca.

Frank Delgado – La isla puta

¿Hasta dónde podemos practicar las verdades?, se preguntaba un entonces joven Silvio Rodríguez, ante la ira de los censores y la mirada atenta de muchachos cubanos, listos para ser enviados a la lejana y negra Angola.

Uno de esos soldaditos caribeños era Frank Delgado, quien luego sería uno de los mejores exponentes de la llamada novísima trova, nacida a finales de la guerra fría e inicios del periodo especial, que inyectó de talento, rebeldía y poesía al movimiento fundado por Silvio, Pablito, Noel y tantos otros.

Si la nueva trova de los maestros le cantaba a la Revolución, la novísima trova debe criticarla, confrontarla, renovarla para cortar las viejas ramas secas y reverdecer ese árbol que todos sembraron, fuera de la vanguardia o evidente planfleto.

Por eso, Frank canta alto y fuerte, mirando a los ojos, como es su forma de amar: no necesita auspicios extranjeros, ni coberturas mediáticas de blogstar para alzar su voz dentro de la isla, defendiendo a disidentes y marielitos, pero poniendo en claro que no tiene precio, que su humildad y son también tiene cosas de Fidel, Marx, el Ché, gracias a la virgen María y Changó.

Una de sus trovas más polémicas es la isla puta, cantada en la Casa de las Américas, bastión de la cultura revolucionaria, ganándose ovaciones de los jóvenes que también postergan sus egoísmos por un ideal y que no ven mesa redonda.

Los amigos que lo han escuchado me preguntan soprendidos si Frank está preso en Cuba o exiliado en Miami. Mi respuesta siempre es negativa: el buen Delgado, cuando no anda de gira, siempre estará en La Habana, bailando con Silvio, Celia y los Van Van; haciendo cola para el pan, compartiendo traguito, quedándose a cuenta y riesgo en su amada isla.

>Por un fuego que no des a tiempo puede no salir el sol

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Qué salto a las estrellas será tarde
de una esperanza raquítica y cobarde.

Qué mundo submarino no será nuestro
porque un vigor no vino.

Qué misterio vital del universo

quedará oscuro, esperando su verso.

En fin: qué maravilla
la indiferencia pondrá de pesadilla.
¿Qué dejarás, qué dejaré,
qué dejaremos hoy de hacer?
Pudiera ser que de un tal vez
nunca volviera a amanecer.
Hoy la pregunta.
Luego el viento
la hace un gesto,
la hace un rol.

Por un fuego que no des a tiempo

puede no salir el sol.
Silvio Rodríguez – Canción contra la indecisión

Aún tengo en la retina ese concierto de Inti Illimani en Arica, frente al glorioso Morro. Recuerdo ver banderas flamear junto a parejas con ojos llorosos, celebrando el día feliz que al fin llegó.

Algunas de estas cosas hicieron que destierre el odio hacía Chile, adquirido de niño: la trovas de Víctor Jara y Violeta Parra, el legado de Allende, los poemas de Neruda a Macchu Picchu, los mártires peruanos, chilenos y Bolivianos de Santa María de Iquique, la inmolación de Miguel Enríquez.

Enríquez, líder del MIR a despecho de sus treinta, no tuvo miedo a la muerte que acechaba, en los días posteriores al infausto septiembre del 73, cuando un fascista llamado Pinochet acabó a sangre y fuego un sueño ganado en las urnas, como dicta el viejo manual made in escuela de las Américas.

Mucha agua ha corrido bajo el puente del Bío Bío: hoy Chile vive casi dos décadas de democracia, sus índices económicos son alentadores. Pero ahora se encuentra en una encrucijada: elegir entre un ex-presidente que quiere repetir el plato, un multimillonario que ahora quiere ostentar el poder político sin caretas, un viejo comunista sabio, y un joven de treinta y seis años llamado Marco Enríquez-Ominami.

El mensaje de Marco ha calado hondo en el país sureño: lenguaje moderno, ideas claras, visión integradora ha sido común en los discursos de Enríquez-Ominami, haciendo tambalear al status quo Concertación-Derecha, que incluso veía factible la posibilidad que un heredero de Pinochet durmiera en La Moneda, bajo un colchón de miles de millones de plusvalía.

Marco es hijo de aquél legendario Miguel, tenía apenas unos meses cuando su padre cayó en combate ante las huestes fascistas. Tomando ese legado, decide cantar contra la indecisión , mirando hacía el futuro, dando ese fuego de la juventud a tiempo.

Desde el norte lo miro con atención y admiración, espero que gane: el representa a esa futura Latinoamérica unida, donde fronteras, espías, armamentismo sean reemplazados rotundamente por la UNIDAD; que migrantes, ilegales, extranjeros den paso a la palabra HERMANO.

Ver también
Spots de Marco en Youtube

>Una vez descubierta esa verdad sencilla

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Un hombre se levanta
y sale a la ventana,
y lo que ve decide
la próxima mañana.
Un hombre simplemente
sale a mirar el día
y se deja quemar
con ese resplandor,
y decide salir
a perseguir el sol.

Silvio Rodríguez – Un hombre se levanta

Pepe Mujica tiene más de setenta años, pertenece a esa casta de hombres que luchan toda la vida, en cualquier trinchera que depare el destino y los ideales.

En su juventud tomó el fusil ante la opresión, fue preso por la dictadura, sufrió torturas y pasó 12 años en listas de sentenciados a muerte. Lllegada la democracia trabajó para que la izquierda fuera una propuesta política fuerte en un Uruguay de siglo y medio de gobiernos conservadores.

Ahora, el Pepe tiene un nuevo reto: ganar las elecciones y llevar a su patria a una etapa de progreso, justicia social y trabajo. Su hoja de vida y modo austero de ser lo avalan.

Miro las entrevistas a Mujica, observo su sabiduría, franqueza, don de persona; lo comparo con el presidente mío, Alan García: tan ruin, tan corrupto, tan obsceno, que me lleno de verguenza.

Ver También:
Entrevista a Pepe Mujica

>Se admiten proscritos, rabiosos

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Hoy me propongo fundar
un partido de sueños,
talleres donde reparar
alas de colibríes.
Se admiten tarados, enfermos,
gordos sin amor,
tullidos, enanos,
vampiros y días sin sol.

Silvio Rodríguez – Ala de colibrí

Como detectives salvajes, los rabiosos poetas se reencuentran para ahogar versos olvidados en agua ardiente. Ahora peinan canas, visitados por la locura: otros ya no escriben poemas desde este mundo sombrío.

Ella mira feliz la foto añeja del viejo poeta, vecino suyo: en alguna parte del siglo pasado ese ilustrado caballero de piel morena, aliento macerado en alcohol y manos de príncipe fue joven, mucho antes de convertirse en el nuevo testamento de la poesía peruana.

El se emociona al reconocer en blanco y negro al viejo maestro en el oficio de periodista. Pese a los años, puede reconocerlo por sus sellos indelebles, de fábrica: la mirada sincera y el gesto desenfadado, conchudo.

Tus ojos son machetes
que arrasan a la pobredumbre que odias.
Tus pasos patean lo que se opone a tu rumbo.
Enrique Verástegui.

Mi figura domina la naturaleza.
Cruza por el cielo un escuadrón de tórtolas.
Cae la noche.
Mi sombra se recobra.
Las ramas crujen.
Y por un instante pensé muy triste en ti muy dulce en ti.
Jorge Pimentel

Tú querías matarme con astros bizcos,
tú columpiabas mi mente expelida por un golpe:
a ti te conozco terror, te conozco.
Juan Ramírez Ruiz
(+)

El cetáceo cruza los dedos y se teje sol adentro
Su esperma es el elogio, fruto del océano y candelabro.
Cómo se muere en dignidad sin dejar de morir tanto
Si debajo de sí, cada cielo sala la tersura del peje.
Eloy Jaúregui


En las profundidades de su silencio
acaso ese cuerpo revelaba
la certeza de otra pasión.
Más allá, más allá del tiempo
y sus sueños habitaría el dolor verdadero.

Tulio Mora

Hace casi cuatro décadas, esos poetas irreverentes e irrepetibles fundaron un partido de sueños: lo llamaron Hora Zero.

Ver También
Hora zero
Ultimo libro de Hora Zero

>Ah, malhaya, la siembra se echó a perder

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Dentro de un surco abierto vi germinar
Un lucero de infinita soledad
Y con una canasta le vi regar
Con agua de un arroyo de oscuridad
Ah, malhaya, la siembra se echó a perder
Y el agua del arroyo se echó a correr.
En una hora triste quise cantar
Y dentro de mi canto quise gritar
Y dentro de mi grito quise llorar
Pero tan sólo canto para callar
Ah, malhaya la hora en que fui a cantar
Ah, malhaya la hora en que fui a gritar

Chabuca Granda – El surco


El no sabía mucho de economía: si el gamonalismo era más eficientes, las actuales parcelas eran menos productivas, que los comuneros no tenían la tecnología ni el capital; en fin, tantos argumentos que sostenían que la reforma agraria fue un fracaso.

Simplemente no le importaba, para él era suficiente no volver a escuchar aquellas historias contadas por su madre: historias de comuneros masacrados por la Guardia Civil, familias llorando ante una choza destruida por el capataz, campesinos viviendo en barracas, semi-esclavos llamados yanas y pongos.

Muchas vidas costó alcanzar la libertad, dentro de una guerra silenciosa por recuperar tierra y dignidad, mientras la prensa limeña los llamaba invasores de tierras.

Ahora, podía respirar un poco de libertad: sus hermanos asisten a las escuelas, tienen derecho al voto. Sonrió al recodar que hace solo 30 años eran ciudadano de segunda clase, extranjeros en su propia tierra:

La tierra es para quién la trabaja
Campesino, el patrón no volverá a comer de tu pobreza.

No le importaba si la siembra se echó a perder: a diferencia de la poetisa, no maldecía la hora en que fue a gritar. Lejos de las cadenas y del terror que le siguió en los 80´s, quedaba la libertad para hacer florecer al campo. Y esas son cosas que no caben en números ni estadísticas.