>Con su antivida, su antiamor, su antipalabra

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Llueve, un cono sur,

cruz retorcida, cruz gamada,

un Salvador salvando

en sangre la esperanza,

una razón decapitada en Guatemala.

Noel Nicola – Llueve en Agosto de 1981



Micheletti, en un acto de senilidad y de impunidad, gracias a la CIA, ha sitiado la embajada brasileña, a la vez que envía un ultimátum a las naciones latinoamericanas, para que reconozcan la falaz legitimidad de su régimen fantoche.

Mientras, ha sumido al pueblo hondureño en un sistema policial: estado de sitio, represión, asesinatos, clausura de medios de comunicación, etc.

Honduras es el conejillo de indias, el laboratorio donde se experimentan nuevas estrategias para ser aplicadas en Latinoamérica toda, ahora que los mapas siguen cambiando de color, pese a la antivida, antiamor, antipalabra de los eternos prolongadores del pasado.

Mientras, Colombia se llena de bases militares yanquis, todas apuntando a Venezuela, al verde Brasil, al Perú incandescente, al Ecuador floreciente. En Bolivia, la cruz gamada santacruceña insiste en sabotear el primer gobierno de las mayorías en dos siglos de república. En los australes, la derecha, con nuevas máscaras pero con la misma camisa negra, se coloca la servilleta en el pecho para asistir al festín electoral, seguros de su victoria.

En Miami gritan comunista a Juanes – un neutral cantante pop, activista por la paz – por cometer el sacrilegio de cantar gratis en La Habana, rompiendo medio siglo de bloqueo a manos del mundo buitre que espera carroña.

En Perú, el primero de octubre es el día del periodista. Muchos de ellos, siempre atentos a informar y protestar ante lo que pasa en Venezuela, Cuba o Bolivia; hoy se callan, miran para otro lado y silban frente a lo que pasa en Honduras y Colombia. Prefieren asistir a banquetes y cócteles, departir amistosamente sobre el clima, jactarse de sus influencias, para después hacer creer la verdad oficial sobre la matanza de Bagua y apoyar sibilinamente las aspiraciones presidenciales de la hija de Fujimori, recientemente auto-inculpado por comprar medios de comunicación con dinero del estado, durante su dictadura en los noventas.

Hoy llueve tiranía en Honduras, hoy llueve corrupción en Perú: esas lluvias duelen y se empozan en el alma. Maldita lluvia la de hoy, mañana puede llover en Latinoamérica, como en ese aciago agosto de 1981.

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>Para entrar en Disneylandia

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Niños iraquíes huídos de la guerra no obtienen visa en el consulado americano de Egipto para entrar en Disneylandia

Arnaldo Antunes – Disneylandia

Globalización o muerte, escribía Fukuyama en sus sobrevalorados panfletos.

Dos décadas después, en el mundo sobreviven mil millones de hambrientos, los gringos siguen invadiendo países, los polos se retiran, los glaciares se derriten, los mares se contaminan, el fascismo y la xenofobia ha aumentado, la brecha entre ricos y pobres también.

A cambio, en estas tierras tercermundistas podemos tener acceso a internet, asistir a briosos centros comerciales, ver al artista de moda en el cable: son los signos del mundo globalizado. También son miles de niños en las calles pidiendo limosna en Lima o Calcuta, nativos muertos por defender sus tierras en Perú o Chile, mujeres violadas en Iraq, cadáveres de chinos anónimos en tour mundial; sin que nada de esto nos inmute.

La globalización nos ha vuelto insensibles. El dolor humano pasa en sucesivas imágenes, como en un spot comercial que nadie quiere ver. Y es que, para los Medios de comunicación forrados de dinero corporativo, el mundo es una burbuja neoliberal, una Disneylandia con muñecos de hule de falsa y congelada sonrisa.

>Oh, mi amor, desaparece el mundo

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Los amigos del barrio pueden desaparecer,

los cantores de radio pueden desaparecer,

los que están en los diarios pueden desaparecer,

la persona que amas puede desaparecer

Charly García – Los dinosaurios


Es un genio de oído absoluto, de vicios casi tan grandes como sus virtudes, de insanias tan cuerdas, como la cuarta de su guitarra, como los agudos de su piano.

Lo recuerdo desde niño, pegado a radio, cuando estaba verde, soñando demoler hoteles, pidiendo que no bombardeen su Buenos Aires querido. Luego la juventud, escuchándolo no queriendo volverse tan loco. Y después, descubrir esos viejos discos de Sui Generis, Seru Giran. Viejos discos tan vivos como el Fantasma de Canteville.

No podré verlo tocar en vivo, en mi Lima gris: lejos estoy de allá, mis ojos no contemplarán su resurrección. Pero confío en verlo pronto, yo que nunca fui a New York, ni sé lo que es Paris.

De los cientos de canciones creadas por Charly García, recuerdo una que les gusta a todos, en especial a los muertos y a los que recordamos, para mantenerlos vivos en estos pagos del inmenso bosque de huesos desaparecidos que es la América toda.

Etiquetas: charly García, Rock, ensayo

>Y Trato de escribir

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No quiero despertarte de tus sueños,

prefiero contemplarte sin hablar.
Quiero adorarte así,
con el silencio más hermoso,
como un feliz reposo para mí.

Pablo Milanés – Matinal



Ella toma sus manos tibias, él besa sus lunares secretos, sábanas blancas cubren sus cuerpos sin vestido, mientras trovadores les cantan sus canciones, libres.
Él le entrega un poema escrito en las nieves del exilio, ella le regala su botón en flor. Nadie los espía, ni los miedos ni las dudas. Solamente el amor custodia, en gozo.

Explorando las bahías de sus cuerpos, alumbrados por el claro de la luna que vigila desde la ventana, estan cóncavo y convexo transformados en un solo obstinado ser de amar.

Ella duerme, angelical. Él la observa: besa con ternura su rostro y boca pequeña, con delicadeza tal que ella ni se inmuta, mientras él sigue soñando despierto, oteando su perfume de transparencia pura.

>En esta tierra, en este instante

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Vivo en un país libre, cual solamente puede ser libre
en esta tierra, en este instante,
y soy feliz porque soy gigante.
Amo a una mujer clara que amo y me ama
sin pedir nada —o casi nada,
que no es lo mismo pero es igual—.
Y si esto fuera poco, tengo mis cantos que poco a poco muelo y rehago habitando el tiempo,
como le cuadra a un hombre despierto.
Soy feliz, soy un hombre feliz,
y quiero que me perdonen
por este día los muertos de mi felicidad.

Silvio Rodríguez Pequeña serenata diurna

El profeta descendía las cumbres de aquél país de nieve, de fosas comunes y ríos envenenados. Pero, también es país de hombres de lucha eterna. El profeta supo que la esperanza es color cobrizo.

Llegado a la ciudad gris, desempolvó su vieja libreta de tres décadas, repasó sus hojas: recordó amores perdidos, hiatos de vida, hondas caídas, charcos de culpa. Y se perdonó, que es lo más díficil, según cuentan los que han vivido.

Caída la madrugada era el profeta, a pesar de torres caídas y presidentes bombardeados, un hombre feliz, en su día , recorriendo montes y playas, al amparo del claro de la luna, escribiendo poemas y canciones de amor sin prisa – con un pincel sostenido por sus labios – en la espalda de muchacha estrellada, convertida en su refugio, su cómplice, su cóncavo y su convexo.


>Que tiemble la injusticia

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Que tiemble la injusticia cuando lloran

los que no tienen nada que perder.

Silvio Rodríguez – Elegía

Desde mis primeras letras y enseñanzas, cultivaron un gran afecto y respeto al pueblo cubano, y su historia de constante búsqueda de la libertad: Atuey, Maceo, Martí, Fidel, Camilo y el Ché, todos ciudadanos de la América Libre.

El Perú, mi patria, tiene con Cuba estrechos y solidarios lazos, desde la insular defensa del peruano Porras ante la exclusión de la isla de una OEA que siempre da risa, hasta los valientes médicos cubanos que nos ayudaron y siguen ayudando, en los desastres naturales de 1970 y 2007.

Muchos peruanos ayudaron activamente en los albores de la revolución cubana, otros ofrendaron su vida y juventud por llevar sus ideales libertarios a su terruño feudal. Unos pocos acompañaron al Ché en su última y fatídica guerrilla en 1967.

Conozco y he tratado a muchos cubanos en mi patria: profesionales y obreros, creyentes en la Revolución, críticos acérrimos, residentes por trabajo o descendientes de exiliados en el fatídico 1980.

De ellos he tomado experiencias de vida, que produjeron muchas reflexiones en torno a los errores y aciertos de esa Revolución iniciada en 1953, triunfante en 1959 y que sigue hasta nuestros días. Por formación, familiar y académica, siempre he tenido una posición crítica ante la Revolución Cubana, a veces muy dura, en especial por enarbolar las banderas de los ideales que comparto. Pero que esto no impida tener una posición clara, sin licencias posmodernistas.

Y mi posición es ésta: estoy con el aguerrido pueblo de Cuba, aquél que sufre y resiste medio siglo de bloqueo económico, de sabotaje, de diáspora, de rezago de guerra fría, de terrorismo: Como aquél 6 de octubre de 1976, cuando un avión de Cubana de Aviación voló en pedazos, por los aires, muriendo más de 70 inocentes. Los culpables, autores intelectuales y materiales, gozan de impunidad, gracias al velo protector de los E.E.U.U, autoproclamado defensor de la libertad y la justicia.

Esos mismos, que otrora dinamitaban aviones, incendiaban almacenes, capturaban barcos, estallaban hoteles, son los que ahora insisten en un bloqueo económico inhumano, los que amenazan y boicotean a músicos sin signo político, solamente por el hecho de exponer su arte al pueblo cubano en la misma isla, en nombre de la paz. Son los mismos que patrocinan espacios que se autodenominan independientes, pero están bajo el signo del egoísmo, del interés económico, aquél que quiere volver a ver a Cuba como el patio trasero yanqui de la primera mitad del Siglo XX.

No censuro a los que se marchan de la isla, ¿cómo hacerlo, si cubanos creyentes en la Revolución, no lo hacen con sus hijos? Pero me pregunto, qué pasaría si, las mismas políticas de migración que usan los norteamericanos para Cuba, la expandieran a Latinoamérica toda, en especial en los gobiernos de Centroamérica, Colombia y Perú, que escriben sus decretos con letras de sangre fresca, de desaparecidos en fosas comunes y falsos positivos.

Como dice el Trovador, a los exiliados y disidentes cubanos, los entiendo, comprendo, y defiendo: espero que hagan lo mismo por mí.

Pero jamás le seguiré el ritmo del son, a los que miran solo lo que les conviene, odian sin razón, con egoísmo metalizado, abogando siempre por el aniquilamiento en el garrote a un sueño que nunca dejaron ser y crecer.

Siempre me opondré a los compatriotas, latinoamericanos y de allende los mares, que se rasgan las vestiduras por el régimen cubano, pero se callan, cómplices, cuando en su propia patria asesinan y persiguen hermanos por el simple hecho de proteger su tierra, su cultura, su autonomía, su vida y la de sus hijos.

Este breve espacio tiene mucha trova, no por su ritmo o frases bonitas; la trova encarna los ideales en los que creo, practico y defiendo: solidaridad, justicia, lealtad, consecuencia, socialismo, libertad, igualdad, dignidad, y AMOR, que engloba todas las palabras anteriores.

Y si eso es motivo para ser llamado castrista o comunista, lo asumo como un halago, como quien recibe una medalla dorada.

Estas letras y este video, hecho por quién escribe estás líneas, con letra y música del Silvio, es también un manifiesto, dirigido a quién corresponda, sin acuse de recibo.

>Ningún cañón borrará

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Tío Ho, nuestra canción
es fuego de puro amor,
es palomo, palomar, olivo de olivar.
Es el canto universal
cadena que hará triunfar,
el derecho de vivir en paz.

Víctor Jara – El derecho de vivir en paz

A Ho Chi Minh

(El que ilumina)

Así era llamado Nguyen Tat Than, simplemente el tío Ho, hijo y padre de aquel Viet-Nam tantas veces esclavizado, hoy soberano y unido.

Luchador de toda una vida, tío Ho se enfrentó sin temor a la persecución, la tortura, el exilio.

Incansable comunista, cada dia de su vida fue una constante trinchera, una incólume barricada, un poema hecho vida a base de amor, poesía, pólvora y dinamita: un zurco abierto victorioso de paz, entre el fuego traidor de metralla y napalm.

En vida, tío Ho se enfrentó a tiranos de todas las banderas y todas las calañas: franceses colonizadores, japonenes imperiales, y Yankees que vieron en su nación de campesinos a un potencial enemigo para su seguridad nacional. Quizá temían que pudieran construir misiles nucleares con caña de de bambú.

La muerte, tan esquiva con él, le soprendío un día de septiembre de 1969, en su sencilla casa de Hanoi, dejando como legado la ruta Ho Chi Minh, obra que sirvío al Viet-cong, brazo armado del pueblo vietnamita, para la victoria final sobre el invasor norteamericano.

Victoria que llegó un día de 1975, cuando las tropas libertarias desfilaron victoriosas en la antigua Saigón, hoy llamada Ciudad Ho Chi Minh, como un homenaje que el buen tío Ho hubiera rechazado en vida.