>Ven, ven, conmigo ven.

>


El odio quedo atrás

no vuelvas nunca,

sigue hacia el mar
tu canto es río, sol y viento

pájaro que anuncia la paz.

Vamos por ancho camino (Jara/Garrido Lecca)

Vencida la tiniebla por la esperanza
y la mordaza por la verdad
voz, poncho y guitarra andaron
el ancho camino empedrado del futuro
a las entrañas de la tierra:
donde justicia no es quimera
ni libertad apenas nombre de pila.

Allá donde el odio es arcaísmo,
y el pan no es para unos pocos,
ni el aire limpio, menos los jardines
tampoco la salud, los libros.

En ese ancho camino, curvo, empinado,
nos esperan voz, poncho y guitarra,
junto a la inmensa humanidad,
en fila india,
de uno en uno,
con las manos abiertas.

Víctor Jara – Vamos por ancho camino

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>A galopar, a galopar…

>

Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,

que la tierra es tuya.

RafaelAlberti – Galope

¡Retornan los briosos cuatralbos de la libertad!
recitados en versos de anciano poeta, Alberti,
con el cabello color nieve, pero el alma joven.
vate inmortal de mil exilios y luchas,
de la estirpe de aquellos qué,
aún después de muertos, dan vida.

Regresa Paco, trovador de veras,
de manos callosas y frente rugosa,
con la sola guitarra como arma de futuro,
y la voz aguardientosa, pero del alma.

Vuelven a ondear las banderas republicanas,
desde Euskadi hasta Canarias,
en manos de jóvenes pintados tricolor:
pintados esperanza.

Paco Ibañez & Rafael Alberti – A galopar

>No te salves ahora ni nunca

>


No te quedes
inmóvil al borde del camino
no congeles el
júbilo
no quieras con
desgana
no te
salves ahora
ni nunca.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados co
mo juicios
no te quede
s sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo

y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labio
s
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas

entonces
no te quedes conmigo

Mario Benedetti – No te salves

Nunca te salvaste, mi cotidiano Mario B.
siempre en la calle, codo a codo
defendiendo la alegría, a despecho de tus 88.
Fuiste una lección de vida,
es tan lindo saber que usted existió,
táctica y estrategia contra el egoísmo y el desaliento
de los que sostienen que la gente es mala y no merece.

En tus letras los desaparecidos tuvieron voz,
y el buen amor, ternura guerrillera.
Los trovadores y poetas se nutrieron de tí,
igual los estudiantes, los obreros, los (des)empleados.
Por eso, querido Mario B. te he llorado,
como el infante, el hombre, el anciano que soy:
no me salvo, ahora ni nunca.

Hasta siempre, entrañable reparador de sueños.


Ver También :

>Tu beso se hizo calor

>

Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.
Jorge Drexler – Todo se transforma

Él tenía la certeza de haber sentido esa brisa antes, en el preciso instante que aquella muchacha le pidió arrancar una hoja de su diario de campo, para dejarle como recuerdo, de puño y letra, una simple canción de un tal Jorge Drexler.

Muchos almanaques cayeron desde el septiembre aquél: poco después, la muchacha prefirió salvarse en el egoísmo y seguir su camino, mientras él distraía a su dolor abriendo trincheras en ruinas de fortalezas olvidadas.

El mundo siguió girando, a pesar de los pesares.

Un día, él lanzó dos monedas al aire tentando fortuna. Al caer, estas se transformaron en ojos verdes de bella mujer, que trocaron horas solitarias en madrugadas de idas y vueltas entre la cama y la cocina, en busca de café, besos con calor para el alma y mala ortografía.

La simple canción se reinventó, la brisa volvió.

El tenía el pelo sefardita, ella tenía madre holandesa – de allí su nivea palidez – y pasaporte europeo.

Eso no lo supo hasta el día en que ella partió a Paris, sin aguacero, sin despedirse y sin querer marcharse.

Así, entre tantos avatares, el gastó su tiempo en aprender de memoria la ley de Lavoisier, a dejarse amar, y dar las gracias sin mayores explicaciones.

Y esa carta de los principios, que contenía aquella canción de un tal Drexler, la guardó mucho tiempo, entre hojas ajadas de su poemario favorito.

Hasta que un día la escondió en un lugar tan secreto que su memoria olvidó.

Jorge Drexler – Todo se transforma

>Si Adelita fuera mi mujer

>

Y si acaso yo muero en campaña,
y mi cadáver lo van a sepultar,
Adelita por Dios te lo ruego,
que con tus ojos me vayas a llorar.
La Adelita – corrido popular

Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?
¡Ah! desgraciadamente, hombre humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.
César Vallejo – Los Nueve monstruos


Amparo Ochoa me sigue sonando telúrica y magnética. Es que su limpia voz nunca morirá: siempre será joven, libertaria, como la Adelita guerrillera de sus corridos revolucionarios.
Pero, ante todo, Amparo fué, es y será solidaria con sus hermanos, con la América aborigen toda, de Alaska al Cabo de Hornos.
Esa solidaridad, vergonzosamente, brilló por su ausencia en muchos de nuestros países para con el pueblo mexicano, en estas épocas de pandemias posmodernas.
De todos ellos, dos gobiernos cerraron sus aeropuertos a los aviones y turistas aztecas: Perú y Cuba.
Del gobierno de mi patria no me sorprende: Alan García y la hija de Fujimori quieren ser los únicos agentes de virus porcino que asolen las tierras del inca.
Pero, de Cuba no me lo esperaba, ¿Por qué tomaron tal decisión?
quizá los jerarcas temieron que la tan publicitada gripe extinguiera a sus últimos dinosaurios, no lo sé.
Es irónico este pánico colectivo en un continente donde TBC, malaria y el Chagas se disputan miles de muertos cada jornada, siempre a vista y paciencia de los gobiernos y laboratorios poderosos.

Culminada la cuarentena de esta peste mediática, los únicos beneficiados han sido las Químicas que tienen como accionistas a tipos de la calaña de Mr. Rumsfeld, otrora mentor de George Walker Bush.

¿Hasta cuándo vamos a seguir comprando espejos con brillo?
¿Seguiremos sufriendo la verdadera enfermedad del presente, que es la desunión entre pueblos hermanos?
¿Hasta cuándo, Amparo querida, hombres humanos?

Amparo Ochoa – La Adelita

>Cuando recojas con tu frente mis besos

>

Madre, tus manos tristes
como aves moribundas
déjame que las bese,
tanto, tanto han rezado
por mis locos errores
y mis vanas pasiones
Manuel Acosta Ojeda – Madre

No importaba que tán sórdido fuera el lupanar,
ni la naturaleza metílica del agua ardiente,
esa mujer siempre fue
su último oasis de te quiero sinceros,
bálsamo contra las llagas de vara de oficial,
antídoto para el desamor de mujeres falaces.
Ella lo esperará,
en ese viejo retrato blanco y negro,
con el cabello azabache, mirada encendida,
compañía en su exilio de 3 décadas.
Aunque el juglar sin fortuna ahora luzca canas,
y el cuño del fracaso en el ceño,
tendrá la certeza que supo ser feliz
en la tibieza de su vientre, y que ella será compañía en su soledad, como estampita, siquiera.

Madre – Los Chamas

>Go through the storms

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Enya – Storms in África

tog do chroisa
gabh tri na stoirmeacha

Enya – Storms in Africa

Esta melodía es distinta , para escucharla en soledad.

Cuenta la historia de un corazón tierno, femenino, que despierta todos los días, a las primeras luces del alba.

Mientras, el silencio es callado por el sonido de lejanos tambores, amistosos y seductores al inicio, pero engañosos, feroces y voraces al fin: quieren atrapar el anhelante corazón y regresarlo a un pasado de sufrimientos, de cadenas en el alma.

Es el sonido del Tánatos.

Pero el corazón espera a su enemigo, con serenidad y firmeza, sin importar la neblina limeña , preludio de la tormenta que se avecina.

Un estruendo mudo inicia la batalla.

El corazón resiste, teniendo como única defensa su frágil voz, susurrante.

En el fragor de la tormenta, cuando parece que los tambores amordazan al corazón, un aliento de mujer aparece en escena.

Es la voz de Isis, que regresa venciendo la muerte para ayudar al corazón a enfrentar el mal.

Luego de una lucha encarnizada y sangrienta, frente al mar y en el claro de la luna, los tambores son derrotados al fin, y se marchan en la inmensidad del océano.

Pero el corazón sangrado sabe que ellos volverán al día siguiente: porque es una lucha interior, de largo aliento, donde solo los valientes triunfan, como caballeros de los mares.

No es una melodía común, es una mujer encarnada: una mujer y su mar, mar de esperanza.