>Retorne el Indio Aquino, vestido de sol

>


Siempre que cae un opresor

la guerrilla responde:
¡Viva El Salvador!

Luis Rico – El Salvador

80 años atrás, los opresores fusilaron a Farabundo Martí, el del sombrero azul.

Creían haberlo matado, se equivocaron, el pueblo continuó su lucha.

En 1979, granos de maíz se trocaron en balas de libertad.

Nacía una guerrilla de las entrañas del pueblo.

La guerra fué cruenta: sicarios multiplicaron Sumpul, la prensa con mala propaganda, traidores en aumento, cobardes que reculaban, y el tío Sam enviando heraldos negros, cual Vietnam.

Doce años, setenta mil muertos, cientos de miles de desplazados fué el saldo terrible.

La guerrilla depuso las armas y firmó un acuerdo de paz con la derecha, heredera de los opresores de antaño.

Se iniciaba una etapa de demodura o dictablanda, de verdad a medias, de reandar el camino, de sembrar semillas.

Ayer balas, hoy votos: victoria en las urnas. ¿la respetarán los asesinos de ayer, hoy y siempre, ocultos en arena?.

El Salvador celebra, sus vivos y muertos, desde Cerro Guasapa hasta Usulatán.

Y ellos no perdonarán jamás otra revolución traicionada.


El Salvador – Luis Rico

>Los dos estábamos allí

>

Yo no te escogí,
por eso no hay a quien que culpar,
quizás tan sólo al azar
por enredarnos así.
Noel Nicola – Yo no te escogí

– ¿Casualidad? – preguntó ella, tratando de ocultar su emoción.

– Telepatía, quizá – respondió él, manteniendo la cordura.

Habían pasado algunas semanas eternas desde la última vez que esos secretos compañeros del sol se vieron por última ocasión.

Hasta esa tarde en que ambos buscaban un almuerzo frugal mirando la mar, última licencia en aquella oficina ascendida a urbe, cuando se divisaron entre tanta gente y perros con dueño.

-Hoy pensé en tí –

– No te creo –

– Es cierto, pesé en tí; como cada lunes, cada martes, y el día que sigue al miércoles, cuyo nombre no quiero recordar.

jueves, será… como hoy, jueves.

Una sonrisa tímida los unió, luego sus manos. Dejaron sus obligaciones diarias, celulares apagados, y sacos en la banca del parque, para mezclarse en palabras sencillas y tiernas, sin Cronos ni Geas vigilantes, como en aquellas madrugadas de antaño.

De pronto, el cielo se tiñó de naranja: era el sol en retirada.

– No me quiero ir- dijo ella.

– Nunca te has marchado- respondió él.

– ¿Nos volveremos a ver?-

– Culpable será el azar, por enredarnos así

– Te extrañaré-

– No lo hagas, sólo se extraña lo que se ha perdido-

Noel Nicola – Yo no te escogí

>Tengo que hacerme un despojo, cabeza y pié

>

Yo voy a hacerme un despojo
con las hierbas de la sierra
evítare que la guerra
destruya el ron y el café
y rogaré por el Ché
para que siga en la tierra

Frank Delgado – Babalú Ayé


Un día, los perseguidos seguidores de dioses terrenales tomaron por asalto las vetustas figuras de yeso de los santos católicos, desde México hasta Tucumán, desde Cuba hasta Brasil.

Tonantzin, la diosa de la fertilidad de los Meshicas, adoptó los rasgos morenos de la Virgen de Guadalupe, similar a la Marimorena de tierras moriscas;

El temible dios de los temblores Pachacamac se transmutó en un limeñísimo Señor de los Milagros, con ayuda de esclavos congoleños, además.

El dios del trueno altiplánico Tunupa tomó la espada del Santiago Apóstol, mataindios aquí , matamoros allende los mares.

Y los africanos en exilio caribeño, lograron que su orishá Babalú Ayé se encarnara en San Lázaro, aquél desahuciado que tuvo la desdicha de morir dos veces.

Los entendidos en la materia llaman a estos hechos como ejemplos de sincretismo; prefiero decir que es la victoria de los vencidos, una paradoja de la historia, el mestizaje del bueno, reinventarse para sobrevivir a la hoguera y a la tortura de la espada y la cruz.

Somos producto de toda esa mixtura de culturas de miles de años paridas por la historia. Podemos ser cristianos y a la vez respetar a los dioses de los cerros; hasta ser ateos (gracias a Dios, la virgen y Carlitos Marx).

Al final, la fé popular no sabe de dogmas, por eso los fundamentalismos religiosos siempre son esgrimidos por los que desean y ostentan el poder.

Se necesitarán miles de aquelarres, cientos de amarres, decenas de mesadas, millones de rosarios, en fin, hasta la comunión de todas las deidades del mundo, para evitar que existan más daños colaterales, más hombres-bomba, más guerras preventivas, más crímenes de odio, más imperios asesinos de niños.

Es que muchas veces, amigos y enemigos, no basta con rezar.

Frank Delgado – Babalú Ayé

>Se me abrió hasta la puerta de Alcalá

>

Desde que te perdí la vida me sonríe sin cesar,
tengo trabajo y mucha estabilidad
y hasta he trepado en la escala social.

Kevin Johansen – Desde que te perdí

– No me gusta la soft trova – le dijo un día antes que la relación se fuera al carajo.

– ¿Ni Johansen, ni Drexler? – preguntó ella, soprendida.

– Ni en sueños, ¿cómo se te ocurre?-

– Entonces no te gustó la canción que te dediqué-

– ¿ Qué canción?-

– La que te escribí en la carta-

– ¿Qué carta?-

– ¡La que te entregué, antes de dejar Tar!-

– …

– Ahora comprendo que nunca me leiste, ni escuchaste-

– ¿Vas a empezar de nuevo?-

Y lo que era una cena amistosa, se transformó en una retahila de reproches y ofensas, mutuas, con lágrimas al mejor postor, confirmando que el amor de aquellos dos extraños se encontraba en avanzado estado de descomposición, quizá producto del tórrido verano.

Fué duro el regresar a casa después de aquella noche de mierda, fué díficil asimilar ese fracaso: testigos son sus amigos, perros y gatos; también la humedad limeña y el cielo gris.

A veces se llamaban al teléfono:

– ¿Cómo éstas?- preguntaba él.

– Odio respirar- decía ella.

– Yo te odio a tí-

Hasta que una tarde, luego de dos meses de silencio, se soltaron toda la ponzoña posible. Ella se fué a la mar, a curarse el dolor en medio de porros, besos y ron; él se refugió en un valle templado, recorriendo sus fronteras, mientras muchachas descalzas le regalaban hojas de hierba a la luz de la luna.

Desde entonces, él perdió todo contacto con ella, y viceversa.

Poco a poco se reinventó, hasta le dió un chance a la soft trova, le prestó atención a Me haces bien, de Drexler, mientras guardaba la citada carta en un rincón que olvidó para siempre, y sonrió con tristeza, después de mucho tiempo, cantando esa del Hugh Hefner, Aragonés .

Y contra todo pronóstico, quinientas noches después de nombrarse inombrables, se pudieron decir cara a cara, sin dolor: adiós, que te vaya bonito, sé feliz como lo soy ahora.

(En sueños, claro está; las cañas y la charla civilizada fueron imposibles de ser en la vida real de aquellos seres imaginarios)

Kevin Johansen – Desde que te perdí


>Sumando a los demás

>


Vamos a andar

con todas las banderas
trenzadas de manera
que no haya soledad.

Silvio Rodríguez – Vamos a andar

En el centro de una copiosa biblioteca de libros prohibidos, un viejo de treinta años y un niño de setenta y pico dialogaban sobre la coyuntura nacional:

– Alan García no aceptó una donación alemana de $ 2 millones para construir un Museo de la Memoria – dijo el viejo de treinta años, indignado.

– Alan tiene las manos manchadas de sangre, y todos los días las intenta borrar, con agua y jabón, pero no puede. Actos así delatan su conciencia- contestó sonriendo el viejo de setenta y pico.

– En la televisión, Don Jaime de Althaus acorrala al fiscal, abogando por la libertad de Fujimori.

– No es de sorprender, los años más felices de Jaime fueron en el canal arrendado por Montesinos, siamés de Fujimori.

– El Cardenal Cipriani arguye que un Museo de la Memoria “no contribuye a la reconciliación del país”.

– Seguramente teme ser representado, en cera, como un inquisidor del Santo Oficio.

– Mario Vargas Llosa se sorprende ante la “atrevida ignorancia” del Ministro de Defensa – del Partido Popular Cristiano – en temas de Derechos Humanos.

– El sorprendido soy yó, no sabía que Varguitas, además de liberal, se volviera cándido.

– Carlos Raffo, congresista fujimorista, hace vedadas amenazas a las marchas contra la impunidad, y las ningunea.

– Hace diez años pasó lo mismo, y con pequeñas marchas ayudamos a que el Fujimorismo colapse.

– La Iglesia, el oficialismo, la oposición, el ejército… todos parecen ponerse de acuerdo, ¿Por qué?

– Los prolongadores del pasado nos quieren hacer creer que todo está perdido, y olvidado. Gozan del apoyo de los medios y nuestros miedos, además.

– Y ante eso, ¿qué podemos hacer?.

– Lo que hiciste hace 10 años, lo que hice hace 30; lo que ha hecho este pueblo por centurias: simplemente, vamos a andar.


Silvio Rodríguez & Santiago Feliú – Vamos a andar

>Mujer que te pierdo y encuentro

>


Mujer desafiando a los astros

Mujer que camina sin rastro
Mujer que me abrazas el alma
Mujer que me robas…
Mujer que me robas la calma

Alejandro Filio – Mujer que camina

Esa mujer recuerda a las que marcharon por calles neoyorquinas, Ciento cincuenta años atrás.

Esa mujer sabe que la cobardía es asunto de hombres, mas nó de los amantes.

Esa mujer no olvida a las mártires de la Cotton Textile Factory, en 1908.

Esa mujer ama sin prisa, es mujer poesía.

Esa mujer actúa, para que algún día acaben las oblaciones en África y el resto del mundo.

Esa mujer sabe que, menos su vientre, todo es oscuro.

Esa mujer protesta contra las lapidaciones femeninas en Medio Oriente.

Esa mujer se entrega como si hubiera sólo un día para amar.

Esa mujer lucha por el tiempo en que las Madres de Huanta encuentren a todos sus hijos.

Esa mujer no reserva del mundo sólo un lugar tranquilo, ni se salva.

Esa mujer no pasa su día en cocteles, ni acepta rosas de plástico; mucho menos celebra con compras en grandes almacenes, maquillajes de ocasión, “para la mujer de éxito”.

Esa mujer está convencida que hay muchísimo por hacer, pero no se amilana, ni se calla.

Esa mujer que camina me está esperando, en alguna plaza, banca del parque, malecón, y miraremos la mar, no lo sé.

Alejandro Filio – Mujer que camina

>Es un camino ciego la despedida

>

La Despedida – César Calvo

Es un muro delgado la despedida
Así como la muerte, paloma
Se adelgazaba la vida.

César Calvo – La Despedida

Manuel Scorza, autor de Redoble por Rancas, le dedicó una carta abierta, agradeciéndole que estuviera allí, mientras tatuaban poemas olvidados, en cuerpos olvidados, de mujeres olvidadas.

Chabuca Granda, cantora de La flor de la canela, se refería a él cuando describe aquél Puente de los Suspiros como un poeta que la espera, con su quieta madera, cada tarde.

Javier Heraud, vate caído en las guerrillas del 63, llevaba en su chaqueta cartas suyas, la tarde aquella en que se encontró frente a frente con la muerte, entre pájaros y árboles.

¿Quién era César Calvo? la historia oficial dice que fué un poeta y novelista nacido en Iquitos , enclavado en la Amazonía peruana, en 1940. Célebre miembro de esa generación del sesenta renovadora de las letras peruanas con savias elaboradas (Antonio Cisneros, Luis Hernández, Javier Heraud, Balo Sanchéz-León, etc.), publicó poemarios memorables y novelas exóticas, recibió algunos premios importantes, y murió en un hospital del estado, de enfermedades crónicas, en agosto del 2000.

Pero Calvo era más que esas palabras apretadas dentro de un diccionario biográfico: era la poesía encarnada, cálido como las terras pretas de sus primeros andares, de verbo castizo, modales de encantador de serpientes, estampa de príncipe morisco, seductor de bellas mujeres, bohemio incondicional, izquierdista convicto, sanmarquino de antaño, intelectual acucioso, eximio cantautor de valses, milongas y harawis, millonario en amigos, y desdeñoso ante los guiños cortesanos del poder.

Tal vez por ello César, otrora adulado por Jefes de Estado pomposos y reinas de belleza infieles, falleció franciscanamente, aquejado por estruendosos males que rara vez aludía, recordando quizá, en ese infortunado día de agosto, sus añejas interrogantes, cargadas de nostalgia: ¿Es cierto que allá en Vermont los geranios/otoñan las tristezas? /¿Es cierto que allá en Vermont es agosto y en este mar, ausencia…?

César Calvo no está muerto, Sólo echóse a andar ese camino ciego que es la despedida, para volar, como aquél bello pariente de los pájaros que habitaba en sus poemas.