>Con la pelota de trapo

>

Si hay niños como Luchín
que comen tierra y gusanos
abramos todas las jaulas
pa’ que vuelen como pájaros.
Víctor Jara – Luchín

En tiempos de bonanza económica, Luchin, Quincho Barrilete y Chiquilín de Bachín jugaban en medio de la tierra baldía, saltando acequias, paseando sobre triciclos de plástico reciclado.

A lo lejos, el humo de la refinería – señal del progreso en país tercermundista- les garantiza el plomo en la sangre, en cantidades cincuenta veces más de las que el cuerpo humano puede resistir sin daños irreversibles, pero colaterales a los ojos del miope desarrollo.

Más, llegado el momento, cuando el mundo se voltee, los rios se dentengan, las jaulas se abran y la tortilla se vuelva, ya no existirán Luchines con manitos moradas, muriendo uno al día en las heladas tierras de Puno, ni Quinchos viviendo precariamente en casas de cartón, después de un terremoto; ni Chiquilines vendiendo rosas en los boliches.

Y ese día, no habrá pueblo más felíz en la tierra.

Víctor Jara – Luchín

>Su pequeña huella …

>


Cinco sirenitas te llevarán

por caminos de algas y de coral
y fosforescentes caballos marinos
harán
una ronda a tu lado.
Y los habitantes del agua
van a jugar
pronto a tu lado.
Alfonsina y el mar – Félix Luna & Ariel Ramírez

Caminaron hasta el atardecer, sintiendo la brisa sobre la piel desnuda.

En silencio, tomados de la mano, lanzaron a la mar piedras grises, pardas y negras, observando cómo, tras un brusco contacto, se perdían en la inmensidad del oceáno y el horizonte.

De pronto, ella soltó la mano de su amante, y avanzó hacía el mar: estaba serena, pensativa, con los rizos al viento que escondían sus sentimientos y su mirada.

Él supuso que reflexionaba sobre el destino de esas dichosas piedrecitas – escogidas al capricho de sus instintos – que dejaban su condición inerte para explorar nuevos mundos. Quién sabe donde las llevará la corriente: quizá terminen en el fondo del oceáno para ser cubiertas, indefectiblemente, por las algas marinas, o quizá convertirse en el último asilo de una estrella de mar.

– Envidio a las piedras – le susurró, convencida.

Mercerdes Sosa – Alfonsina y el mar

>Anida en el jardin de lo soñado …

>


Tu voz,existe

tu voz,
tu dulce voz,
tu voz persiste,
anida en el jardin de lo soñado

inutil es decir que te olvidado
Juan Gonzalo Rose – Tu voz

Gustaban los bohemios debatir sobre el legado de la poesía trunca, pero el hombre extraño se extraviaba en aquella avenida de tilos huérfanos, que acompañaron el andar de aquella muchacha, mientras él limpiaba las aceras de las hojas que caían a su paso.

Los bohemios mataban la madrugada debatiendo sobre la posible cursilería en el verso /Y en la calle,codo a codo/ somos mucho más que dos/, mientras se rendían ante la voz de Tania cantando una versión definitiva de Te doy una canción; él solamente trataba de encontrar en sus recuerdos, el matíz perfecto para definir la pupila insomne de aquella muchacha.

En medio de aquellas tertulias sobre el aporte del vate aquél – de cartas secuestradas – al valcesito peruano; él reconstruía, en forma de ecos, la dulce voz de musa ausente, con los vestigios que ella dejó en sus letras, sean en cursiva, imprenta o ariales.


Lucha Reyes – Tu Voz

>Soplo de viento y balcón

>


¡Ay! Patrimonio de la Humanidad,
¿a dónde va mi amor?.
Frank Delgado – Balcones

Desde un precario balcón republicano, el pintor observaba aquella acera que aún guardaba el espectro de una madrugada cualquiera de otoño, cuando dos amantes aparecieron, para morderse las mejillas, besarse los ojos, y apagarse colillas de cigarrillos en sus manos diestras; y después perderse en los laberintos de aquella ciudad de humedad perpetua.

Pasaba madrugadas enteras, intentando plasmar en tonos pastel, a aquellos fantasmas del pasado: eran escenas con mezclas mortales de odio y ternura, de amor contranatura, propio del crepúsculo de ciertas historias mínimas.

Un día, un extraño tocó su puerta: era un hombre joven, de espesa barba, con ojeras oscuras y de inconfundible aroma a pisco acholado. Por alguna extraña razón ese imprevisto visitante le parecía familiar:

– ¿Sabe algo de ella? – le dijo el visitante, con voz temblorosa.
– ¿ Quién eres tú? –
– ¿No me reconoce?, nos observaste aquella madrugada, desde este balcón … –

Se turbó, mientras intentaba esconder los diferentes bocetos de aquella escena, pero reflexionó: entendió al fin, la razón que lo impulsaba a reconstruir, cuadro por cuadro, áquel momento del adios de secretos amantes, decidiendo entregarle sus pinturas.

– No sé nada de ella, ni su nombre … pero tome, quizá esto le ayude –
– Gracias, es una prueba que en verdad ella existió, ya lo empezaba a dudar, incluso pensé que tú eras un alma penando a las tres de la madrugada –
– ¿ Puedo ayud … ?

El hombre extraño no esperó respuestas ni despedidas, y se marchó de aquella habitación, con la misma premura con que había entrado, a continar su andar en ese viejo damero.

Frank Delgado – Balcones

>Como tengo la tierra, tengo el mar

>

No country,
no jailáif,
no tenis y no yatch,
Sino de playa en playa y de ola en ola, gigante azul
abierto democrático:
en fin, el mar.
Tengo – Nicolás Guillén

Cuando miró a sus nietos sentir por vez primera la húmeda arena en sus dedos, y el sabor a sal de las aguas del oceáno, vedado antes en tiempos remotos, supo que había valido la pena haber nadado a contracorriente, jugándose la vida.

Sonrió al imaginar el destino de aquellos infantes: irán a colegios públicos, donde sabrán del alfabeto con niños de todos los colores, cultos y lenguas, para aprender junto a ellos la palabra libertad, sin mirarse como extraños, con recelo, ya que todo les pertenece, incluído el futuro.

Y de jóvenes, ellos podrán cantar, luchar y soñar, con la certeza que no existe yá el cártel que rezaba reserva en el derecho de admisión: caminarán todas las calles de Rinconada, sin tranqueras, bailarán en todos los salones sin temor a que los expulsen por su piel de ébano, y andarán el mar, en horario corrido, nó de cuatro a seis, ni de seis a nueve.

Ahora, él podía respirar esa brisa, quizá descansar o morir en paz.

Tengo – Pablo Milanés

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>Você que inventou a tristeza …

>

Apesar de você
amanhã há de ser outro dia.

Eu pergunto a você
onde vai se esconder

Da enorme euforia?
Chico Buarque – Apesar de você

En el país de lo absurdo, los viernes por la tarde, los cleptómanos se reunían religiosamente en los salones del Club Nacional, con sus mejores trajes, de preferencia gris y verde olivo. Gustaban tomar café express, algo de pisco de El Bolivariano, butifarras de El Cordano, mientras oían atentos a un obeso presidente, quien amparado en un viejo orden, prolongador del pasado, pasaba revista a sus logros gremiales:

– Las fosas comunes gozan de perfecta salud, nuestros recursos no renovables son magníficamente agotados, la prensa está impecablemente comprada y/o amordazada, las estadísticas son pulcramente manipuladas, la farsa del juicio a nuestro socio subió en rating, los derechos laborales son ínfimos, la educación gratuita está en proceso de extinción, el seguro social y la salud pública pronto serán una mala palabra.

– ¡Salud por nosotros! – gritó eufórico un cardenal, de verbo florido, especialista en crisis de rehenes y en derechos humanos.

Un viejo banquero observaba, desde el balcón, a esa inmensa mayoría desfilar apresurada, perdiéndose por los laberintos de esa ciudad gris, con smog en la sangre. De pronto, una imagen grabada en un muro le hizo borrar la sonrisa.

– Esa pared no estaba pintada hace una semana – dijo el viejo zorro, bisnieto de comuneros de Granada que ahora disfrutaba, agotado, la gran responsabilidad de ser el presidente vitalicio, a la sombra, desde el retorno a la demodura, sinónimo de dictablanda.

– Pero, ¿cómo?, ! Qué se borre de inmediato! – exclamó un calvo Ministro del interior, excelso ejemplo de incapacidad, quien en otra vida desfalcó el erario como Ministro de Hacienda, pero de eso ya nadie recordaba ahora.

Ellos no se dieron cuenta jamás que ese mural fue dibujado, trazo por trazo, por todos aquellos transeúntes, ignorados. Los señores no sabían que allá, a lo lejos, un pueblo anónimo se levantaba todos los días, a las cinco de la mañana, mucho antes que ellos, que ríen y lloran muy a pesar de ellos, y que luchaban todos los días, muy a pesar de ellos.

Así, los cleptómanos recordaron que, tarde o temprano, esos anónimos llenarán las calles y plazas, como hace una década, como hace cuatro lustros, indefectiblemente. No tuvieron otra salida que cerrar esa ventana, rojos de ira.

Chico Buarque – A pesar de você

>Lo que tenga cerca lo destrozo

>

Muy primitivamente, casi salvajemente,
con odio, con desprecio, con rencor,

con palabras hirientes, con garras y con dientes,

con rabia, con violencia, con horror.

Silvio Rodríguez – El Matador


Tenía la extraña habilidad de destruir sueños, los ajenos y los propios.
Poseía el don de convertir fértiles huertos en tierras áridas cubiertas de ceniza.
Dominaba el arte de vertir sal en la carne viva, junto a los tendones.

El matador regresaba a casa, a lavarse la conciencia de su último crimen de odio, como cada siete de agosto desde hace dos lustros. Untado de un cargo de conciencia perpetuo, pasaba revista a los muertos de su infelicidad, y les dedicaba un minuto de estruendos mudos.

Silvio Rodríguez – El Matador