>Te propongo un hermoso plan …

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Silvio en concierto u otro que se parezca
está bien para comenzar
sus canciones me hacen pensar
y si alguna le pido y ella canta conmigo
qué amor nos envolverá.

Pablo Milanés – Sábado Corto

Llegaron los gentiles, desde los cuatro puntos cardinales de aquella ciudad gris; sea de uno en uno, de dos en dos, o en caravanas paganas, con la guitarra y la voz, como únicas arma de destrucciòn masiva contra la indiferencia, la indecisión y la media voz, moneda corriente en esos días, en especial en aquella parte del globo terráqueo, entre Pucusana y Ancón, cercados por el mar, la sal de los cerros y el tráfico infernal.

En una casa de la extinta clase media, entre bebidas espirituosas y ambiente festivo, los gentiles se entregaban al canto que tiene sentido y razón, aquél de poesía inspirada en las estrellas, los planetas, la tierra y en los avatares de sus anónimos habitantes.

Así, las horas pasaron con los gentiles en comunión, algunas parejas se juntaban codo a codo, siendo mucho màs que dos. Otros reían de alguna anécdota en común, y los demás seguían recorriendo la historia musical del trovador errante, desde los días de la canción como una guerrilla, hasta llegar al reino del todavía.

Llegado el alba, solo unos pocos quedaban, cantando a la nostalgia y al arroz; hablando en voz alta y firme, sobre los derechos estudiantiles y de aquella alma mater, nido de inquietudes, plaza de victorias, asì sean de pequeñas victorias, en retirada estratégica.

Silvio Rodriguez & Pablo Milanés – Sabado Corto


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>La melodía que me falta …

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Mi amor en tiempo de cólera
Penélope de mi Ulises
Mi agua pa’ chocolate
Mi eternamente Yolanda
Eso eres tú

Piropos – Vicente Feliú

Era reacia a recibir piropos, obsequios; aunque conservaba los más entrañables en una cajita de música, regalo de infancia de sus abuelos paternos para que guarde en ella los objetos mas bellos que a lo largo de su existencia recibiese.

Desde entonces, esa cajita musical contenía – además de la bailarina de rigor – los objetos mas disímiles: rosas rojas ya marchitas, el primer poema que le dedicaron, con versos resaltados con tinta indeleble, su nombre grabado en un grano de arroz, una grabación casera de una canción de trova, y un mechón de cabello masculino, parte importante de un aquelarre fallido.

Un dìa, caminando una calle empedrada, enfundada en un vestido simple, pero elegante, que destacaba su delgada y espigada figura, a la vuelta de la esquina se encontró, frente a frente, con un hombre pequeño, diminuto, enjuto. Ella no pudo disimular su sorpresa y algo de temor ante ese pequeño ser, salido de una fábula medieval, mientras éste se le acercaba, sigilosa pero firmemente, mientras sacaba del lado derecho de su corazón, algo tan pequeño que apenas cabìa en la palma de su mano.

Vengo de muy lejos, desde mi extensa morada, para entregarle mi prenda encantada, en señal de eterno agradecimiento, mi espacio sin fin – dijo el hombrecito, haciendo una reverencia.

Acto seguido, depositó en manos de la sorprendida muchacha un extraño amuleto, envuelto en papel seda. Al abrir el envoltorio, grande fue su sorpresa al encontrar un pequeño y finamente acabado unicornio, azul, de cristal.

Cuando la muchacha volvió a dirigir la vista hacía el hombrecito, él ya había desaparecido, dejando un suave aroma a incienzo en el breve espacio que una vez ocupó.

Miryam Quiñones, Piropos

>The answer, my friend …

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How many times must a man look up Before he can see the sky?
Yes, ‘n’ how many ears must one man have
Before he can hear people cry?
Yes, ‘n’ how many deaths will it take till he knows
That too many people have died?
The answer, my friend, is blowin’ in the wind,
The answer is blowin’ in the wind.

Bob Dylan – Blowin’ In the Wind

A veces somos como una pluma desprendida de un albatro en vuelo. Al vaivén del viento del sur, podemos ir a cualquiera de los cuatro puntos cardinales o detenernos en el ápice de una hoja; para luego proseguir nuestro andar de millas, o solo unas cuadras que marcan nuestro recorrido transhumante, principalmente en la ciudad, con sus bloques de cemento y flores nocturnas.

A veces somos una voz solitaria, a contracorriente, incomprendida por la naturaleza de las palabras, que pueden ser suaves, como piel de durazno, inspiradas por néctares de flores en formas femeninas; y otras veces ásperas, rugosas, saetas, cuando nacen del mundo real, aquél que germina en las afueras de la urbe de luces de neón, de banquetes de club social y solo espera hacer el uso de la palabra justicia, paz, igualdad, amor y otras más censuradas en el index de estos días.

Pero siempre nos quedará un breve espacio, un refugio donde reparar las alas, sea en el regazo tibio de una hermosa dama, sea en la melodía mas bella jamás escrita – y por ende, inédita – sea untando las botas con el polvo de la tierra que nos pertenece, y principalmente, en el propio corazón de cada uno, aquél lugar donde es imposible el curso del agua tibia.


Bob Dylan –
Blowin’ In the Wind


>Entre tí y el horizonte … la primavera volverá

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(1)
Entre ti y el horizonte mi palabra está primitiva
como la lluvia
o como los himnos
porque ante ti callan las rosas y la canción

Carlos Oquendo de Amat, Madre

Estaba pegado a ella, como una enredadera, pegado a su cintura, en ese lejano lugar donde el destino los llevó muy cerca del cielo gris, propio de town minera. Era el primer día de clases y el infante que algún día fué – y que en cierta forma nunca dejará de ser – tenía el típico temor de quedarse solo, entre tantos niños distintos pero iguales, desconocidos; y esa señora en gracioso mandil que le sonreía, a pesar del frío.

El infante persistía en la intención de no separarse de ella, hasta que la joven mujer lo miró a los ojos, pellizcó sus rojas mejillas mientras lo besaba, le hacía recordar aquella fiesta infantil donde él, en impecable terno azul, era el anfitrión entre confeti, papel picado y mazamorra morada.

– ¿será igual que en mi santo? – preguntó el infante –
– sí, el mundo es siempre una fiesta – respondió ella –

Carlos Oquendo de Amat , Madre


Madre, en tu día, no dejamos de mandarte nuestro amor.
Madre, en tu día, con las vidas construimos tu canción.
Silvio Rodríguez, Madre

Reza el cartél, que Silvio Rodríguez compuso esta trova conmovido por las noticias que le llegaban desde el Vietnam asediado por tres mil pájaros grises, donde en pleno día de la madre, centenares de jóvenes de las Brigadas Ho Chi Minh ofrendaron sus vidas, desactivando minas en el puerto de Haiphong.

Canción conmovedora, la hacen suya también todas aquellas mujeres, en cualquier lugar del mundo, que pasaron infinitas noches de desvelos, esperando noticias del hijo ausente, sea en el frente de batalla, en la necesaria insurgencia, o detenido por las diferentes milicias prolongadoras de un pasado ominoso.

Son aquellas madres cargadas de amor filial, que rastrearon sus paraderos incansablemente, sea en delegaciones, hospitales e incluso la morgue, cegadas por una fé que les impedía recular. Incluso hasta el día de hoy esperan la llegada del hijo pródigo, que mantienen su habitación intacta y no han repartido sus ropajes, con la convicción que un día, la primavera volverá.

Silvio Rodríguez, Madre

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>No estoy solo, voy conmigo …

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Puedo hallar tu rastro si lo quiero hoy
sé perfectamente donde te dejé.
Alejandro Filio, Sin la luna

Acabado el atardecer, cayó la noche en el valle medio, a medio camino de procesión de dioses del ayer. Valle de noche estrellada, codicia utópica de ciertos habitantes de la ciudad con cielo de panza de burro, por poseer en partes iguales la luna mas trovera y la más perfecta vía láctea a veinte leguas a la redonda, a buen andar y a mejor tren.

Era la noche propicia para la fina estampa de amigos sonriendo, bullicio esordecedor, cerveza fluyendo como sangre constante, campo incandescente, río hablador de arriba, música tropicalísima, puente en zig zag, más aún con el dubitativo andar de los parroquianos.

En medio de la orgía perpetua, extrañó aquella guitarra – herencia de su padre – que siempre se rehuzó a tocar, extrañó las canciones que nunca se aprendío, extrañó decenas de rostros amables, figuras sinuosas, centímetros de piel que alguna vez fue su dorado refugio, compuesto de sonrisas de papel, cargadas de palabras de amor y desamor.

Recordó a una mujer, aunque en realidad sabía que no era a ella a quien extrañaba, convencido de la constante reencarnación del amor, que tomaba de cuando en cuando mirada de mujer, hasta el día en que las tonadas de odiosos adioses le dejaran un amargo sabor a vencido; seguidos de pensamientos del tipo “¿estará mirando este mismo cielo estrellado?”.

Sonrío sin malicia, se levantó de su silla, marchóse al río de su melancolía, y cortó de tajo las lianas que sostenían el puente hacía sus recuerdos dolorosos, aquellos de círculos viciosos.



>En las noches de luna …

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Y desde aquel instante,
sufrió un estraño mal,
que solo se aliviaba al leer “El Capital”,
el vampiro infestado de ideología marxista
en las noches de luna se volvia comunista.
Virulo, El Vampiro rumano

No se llamaba ni Lenin ni Illich, ni mucho menos Fidel, ni lo arrullaron con la Internacional, ni le pusieron una foto de el Ché bajo su almohada. No asistío a escuelas progres, ni aprendío Ajedrez a los seis; no fué parte ni de Patria ni de la Jota, que no eran lo mismo (pero eran igual). En la madurez (?), evitó asistir a los cocteles en la embajada de Corea del Norte.

Pero un día amó la palabra socialismo, y descubrío en el mapamundi las iniciales U.R.S.S (o CCCP), fué un pequeño autodidacta gracias a Editorial Progreso, y soñó despierto con Utopía perdida en el caribe, vaso de leche; aprendío que significaba Perestroika, glasnot, se grabó la imagen de Reagan bombardeando Tripoli, se aprendío el estribillo de Izquierda Unida, jamás será vencida, y prometío siempre votar futuro, esperanza, banderitas, frejolitos.

Aunque a los nueve supo lo que era Sendero, pólvora y dinamita, A los diez vío caer un muro y estatuas de Lenin por doquier, descubriendo que Stalin tenía pata de cabra, y desde entonces vive en un mundo neo-liberal, con crecimiento del 14% anual (1994), Aunque ya no esté de moda, siempre respirará y transmitirá socialismo, y votará futuro, a contracorriente de la pública opinión, defenderá la utopía barbada, sonreirá cuando lo traicionen sentimientos pequeño-burgueses, y hasta los setenta desfilará, con sus viejos ropajes, todos los primero de mayo.

Virulo – El Vampiro Rumano