>¡Caramba y zamba la cosa!

>

Me gustan los estudiantes
porque levantan el pecho
cuando le dicen harina
sabiéndose que es afrecho,
y no hacen el sordomudo
cuando se presenta el hecho.
Caramba y zamba la cosa
¡el código del derecho!


Me quedo con los estudiantes de educación pública, universitarios con la mala costumbre de hacer cosas inútiles, improductivas, casi precapitalistas; muy ajenas a completar los requisitos para acceder a un tercio superior que les garantize las mieles del éxito, con un estilo de vida calcado de un comercial políticamente correcto, de 60 segundos, en tono pastel.

Prefiero en especial a los universitarios acusados de ser tipos muy violentos, casi resentidos sociales, que protestan por cualquier nimiedad (según la prensa de Correo y sinrazón) : el alza del medio pasaje en 5 centavos, el incremento del costo del pan, un campesino caído por balas policiales, el cierre del Tribunal Constitucional, era motivo para llamar a huelga de hambre. Y si se incrementara el costo del combustible, de inmediato incendiar neumáticos en barricadas de manos, bandadas de miles.

Me quedo con los que discuten temas retrógrados, poco rentables: sea erradicar el chagas endémico en vez de organizar seminarios sobre gestión de la salud (privada, claro está); o dilucidar leyes mas efectivas en defensa de las comunidades campesinas en vez de proteger los intereses de las filántropas transnacionales mineras que generan importantes divisas (invisibles, por suepuesto) al país.

También recuerdo a los que se encontraron entre dos fuegos, pero nunca claudicaron, ni frente al Sendero del martillo sin la hoz, que colocaba un revólver sobre las carpetas (y las sienes) en las asambleas universitarias, ni ante los escuadrones de la muerte, que los amenazaban con convertirlos en, literalmente, cenizas.

Y me quedo con ellos, con los contestatarios al límite del reglamento, a los que murieron con una molotov en la mano, a cuyos funerales casi nadie asistío por temor a ingresar en listas negras; y con los caídos en olor a dinamita, acusados de amarillos y reaccionarios.

A ellos vá mi corazón, a píe, más aún en estos días de boom económico y represión posmoderna.


Mercedes Sosa – Me gustan los estudiantes

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>Ya no pude llegar al teléfono …

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De pronto perdí todo contacto contigo.
Ya no pude llegar al teléfono, recordar ese número y llegar a tu casa que no conocí.

(Enrique Verástegui, Datzibao)

Despertó de madrugada, después de un terrible sueño, con el solo deseo de oir su voz, sin importar que cale en sus oídos, sacuda su cerebro, altere sus respiros, nuble sus pupilas , palpite galopante los latidos de su corazón …

Corrió por esas calles empredradas, llegó al teléfono y levantó el frío auricular, con el alma colapsante vagando en el limbo del averno , de la incertidumbre del desearla, la inconstancia del sentirla, la resistencia a no evocarla, la cadencia sentida al mirarla, la culpa por no saber mentirle, la miseria de no poder amarla: esa es la madre de todas las miserias, que no subsana moneda alguna ni alivia bálsamo de zahorí en forma de canción de trova.

Sólo una voz metálica le respondió una y mil veces, y así será, hasta que en algún día etéreo, el destino le exima del tormento diario, y podrá dormir en paz, sin desvelos, como en sus mas caros sueños con forma de mujer.

Datzibao – Audio

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Get this widget | Track details | eSnips Social DNAGuardado

>De ésto ni una palabra a los carteros

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Qué cazador derribó aquellas cartas
que nunca me mandaste.
Qué fuego
las quemó,
en qué río se ahogaron.

Qué cazador – Del Prado & Bocanegra


Refugiado en su trinchera – allá en el frente republicano, defendiendo Madrid – el poeta leía una y mil veces aquellas cartas amarillas, escritas en un corto tiempo atrás, que por azares del destino le parecían años. Eran pequeñas misivas que su otrora amada le había enviado hasta el frente de batalla, primera línea de fuego: lugar poco adecuado para quién solo dispara con palabras, pero que el destino se había encargado de enviarlo allí, lejos de su sierra peruana y de su burro peruano del Perú (perdonen la tristeza).

Eran los últimos días de resistencia contra los escorpiones facistas: el hambre y el frío arreciaban con furia incontenible; de pronto, un mendrugo de pan se había convertido en artículo de lujo y comer un humilde gazpacho lidiaba con el pecado de la gula.

No pudiendo más con el frío invierno, el poeta leyó todas las cartas hasta grabárselas en el corazón, las leyó con los ojos cerrados para que no le traicione la mirada, bastaba tocarla con la yema de los dedos, ya que reconocía las palabras con el solo sentir de la tinta seca. Acto seguido, las quemó para poder sobrevivir en el duro invierno de esa noche, con la ilusa creencia que el fuego del amor lo protegería de la muerte.

Finalmente, en lenta agonía,tomó la última hoja virgen y escribío sus últimos versos.

Silvio Rodríguez – Qué cazador
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>Porque así soy …

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Créeme,
cuando te diga que el amor me espanta,
que me derrumbo ante un “te quiero” dulce,
que soy feliz abriendo una trinchera.

Créeme-Vicente Feliú

Regresaba de las ruinas de aquella civilización fenecida dos milenios atrás, en medio de la primera gran revolución que asoló esas tierras perdidas entre montañas. De pronto, volteó la mirada y observó hacía su trinchera: tenía una belleza especial por la armonía de esa amplia gama de colores de arcillas que con cuidado había extraído del seno de la tierra, para poder descubrir ese viejo templo de piedra pulida.

No pudo reprimir una sonrisa de satisfacción por la jornada concluída, por su pequeño aporte en descifrar la historia de sus ancestros. En verdad, ese extraño oficio que escogío para su sustento era la mejor manera que había encontrado para ser feliz; y esa trinchera, su único refugio en los tempestuosos tiempos del desamor …

Vicente Feliú – Créeme


>Fuiste mecanógrafo, hormiga, martillo …

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Para Abril, en febrero

Fuiste mecanógrafo, hormiga, martillo,
y al día siguiente de nuestro encuentro
vimos tus letreros subversivos
en todos los muros de nuestro pueblo.
Comandante Carlos Fonseca (Borge-Mejía Godoy)

Matagalpa no sabía que aquel 23 de junio de 1936, nacería de Doña Faustina su hijo más dilecto: Carlos Fonseca Amador, fundador, alma y artesano del FSNL, el movimiento guerrillero nacido de las entrañas de Sandino que logró derrocar a la dinastía Somoza, una de las dictaduras más sanguinarias de la historia de nuestra América Latina.

Carlos lo fué todo y en todos los frentes, desde su juventud, sea repartiendo volantes, sea nutriéndose de doctrina, hasta su madurez, cuando llegado el momento sufrío el exilio y al regresar retomar el fusil, sin temor de arriesgar la vida y morir. Carlos criticaba de frente y elogiaba de espaldas, arengaba que se debía ser fiero en el combate y generoso en la victoria; en suma, fué un ejemplo vivo de como debería actuar un líder.

Carlos no vivió para ver el triunfo de la revolución, las balas asesinas le dieron alcance en 1976, cuando fue capturado y asesinado, como El Ché. Sus manos fueron mutiladas y su cuerpo enterrado bajo la ignominia, hasta que en 1979, el pueblo en masa le brindó los honores que se merecía y que seguro en vida habría rechazado.

Hoy tuve ganas de escribir sobre Carlos por que me une un gran sentimiento hacía Nicaragua y los días de la Revolución Sandinista; que se remota a mi infancia cuando devoraba libros de historia que me hablaban de pueblos pequeños con dignidad, pasando por mi adolescencia y ese despertar que fué escuchar en ese vetusto casette el concierto de abril en Managua, hasta ahora, que me unen entrañables lazos afectivos hacía ese pueblo luchador, victorioso a pesar de mil batallas perdidas y revoluciones traicionadas.

Hnos Mejía Godoy – Comandante Carlos Fonseca

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>Gambito de Rey …

>

Y continué P4AR
“Jugada peligrosa”, dijo el Maestro,
“de la escuela romántica.
Andersen sale así en La Inmortal.
Cuide Ud. 4T y tal vez haga tablas”

Rodolfo Hinostroza, Gambito de rey





Había sido enviado al sur del Perú, en una zona rural de hermosos paisajes pero de difícil acceso. Veinte horas después, el reportero llegaba a su destino. Su misión era entrevistar a un campesino, pero no era un campesino cualquiera, en otra vida había sido un Gran Maestro de ajedrez, hoy oculto bajo las ropas de un labriego, autoexiliado en su chacra, lejos del bullicio de la capital, de los constantes viajes, y principalmente, del universo contenido en esos sesenticuatro escaques.

El Maestro lo recibió, y despues de invitarle un refresco, le habló sobre sus cultivos, de lo dura que era la vida en el campo, pero lo feliz que se sentía con sus hijos.

El reportero, después de escucharlo e intentar reconocer en ese hombre sencillo al genio que era, fué al grano:

– ¿Sabe que ayer murió Bobby Fisher?- preguntó.

– Él estaba muerto desde hace treinta años, cuando venció a Spassky-

– Su vida es algo similar a la de Fisher, ambos fueron niños genios, considerados maestros en el arte de improvisar, ambos se retiraron sin razón alguna, en su apogeo … –

– Se equivoca, Fisher se retiró porque después de ser Campeón Mundial ya no tenía razón alguna para seguir jugando, incluso no tenía razón de seguir viviendo, me sorprende que no se haya suicidado –

– ¿Por qué Ustéd se retiró, entonces?-

– El ajedrez es una ofensa a Dios –

>Y me alegro del mañana

>

Creo en ti,
y me alegro que el mañana
a través de mi ventana
nunca sea igual que hoy.

Pablo MilanésActo de fé

Hombre al fin, terrible, contradictorio, se aferraba al pasado superviviente, rindiendo culto al amor precario, rozando bizarro los límites del juicio desde que en el inicio de los tiempos se le ordenó vivir, con el corazón partido en dos mitades inexactas, desiguales, imperfectas.

Así, Zigzagueante de por vida, marcha errante, auscultando debajo de las piedras, reptando cálidos desiertos del alma, respondiendo inquietudes dispersas, oyendo la sola mitad de tu corazón latir, acariciando la felicidad con las yemas de sus dedos, a sabiendas que quizá no le será permitido tomarla jamás, pero no le importaba, en el fondo, seguía creyendo, confiando, quizá ciega e irracionalmente , que de tanto andar entre cumbres y quebradas, al atardecer de un día cualquiera, encuentre al fin la mitad esquiva de su corazón menguante.

Pablo MilanésActo de fé

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