>No le engaña un Brigadier …

>

Para el pueblo lo que es del pueblo
porque el pueblo se lo ganó.
Para el pueblo lo que es del pueblo;
para el pueblo liberación.

José Tcherkaski – Piero, Para el pueblo lo que es del pueblo


Esa noche del 2000, en medio de un verano que desistía en marcharse, la muchedumbre colmaba la plaza San Martín de Lima, harta de la parodia que significó aquella segunda vuelta, con un Fujimori victorioso con el 90% de los votos. Se respiraba una brisa de primavera democrática esa noche, con tantas personas que seguramente jamás se volverían a ver en sus vidas, gritando a viva voz su hartazgo de tanta corrupción, tanta impunidad.

Quizá entre esas decenas de miles de peruanos existían más diferencias que similitudes, pero en ese momento eran – parafraseando al poeta- un solo obstinado bloque de rabia.

– !Democracia, si!, !Dictadura, no!-

Y salió Toledo, fungiendo de improvisado líder, a cumplir su rito : saludó a las masas solemnemente, mientras tomaba la bandera nacional, ofreciéndola al infinito, para luego besarla con la pasión con que besa al primer amor. Solo los que alguna vez han visto esa parafernalia en vivo y en directo pueden comprender lo tragicómico de esa puesta en escena, ya que Toledo fue líder por accidente de un movimiento de resistencia al régimen que tardó años en madurar. Aunque resultaría mezquino no aceptar que en verdad el cholo se creía el personaje mesiánico que la coyuntura le obligó a vivir.
– Mi pueblo no se vende … !carajo!- espetó, mientras las masas explotaban en júbilo.
– !Aquí, allá, el miedo se acabó!- gritaba la gente.
– Hombres y mujeres del Perú, ¡les presento a un demócrata! – exclamó con su voz engolada, un emocionado y extraviado Toledo.

¿Un demócrata?, se sabía que el Cholo necesitaba de la derecha para sobrevivir, así que el demócrata de marras debería de ser uno de esos patriarcas del Perú oficial, pero ¿Quién sería? ¿acaso un octogenario Belaúnde, o quizá un aristócrata Bedoya?.

De pronto, tras las bambalinas apareció una anciana figura, apenas lo reconocimos cuando empezó a parlotear con ese tufillo castrense sazonado con vodka: era el ex dictador, General (r) Francisco Morales Bermúdez.

– Jovenes ciudadanos, la democracia que mi gobierno devolvió, esta en peligro …

La imagen era surrealista : ver presentado como un demócrata a un traidor profesional como Morales Bermúdez, un represor que deportó y encarceló líderes políticos y sindicales, que tiene las manos manchadas por reprimir huelgas de hambre a sangre y fuego, era demasiado.

Además, escucharlo decir que nos “devolvió” la democracia, que falacia: él fue obligado a convocar Asambleas Constituyentes debido al mayor paro nacional jamás registrado en la historia peruana, allá en el lejano 1977, y que al finales de los 80 transó con los sectores conservadores un clásico pacto infame a cambio de impunidad. Nó, era demasiado absurdo tal escena: se habían gastado demasiados zapatos, soportado muchas bombas lacrimógenas y uno que otro varazo para soportar tal infamia.

Un grupo de estudiantes sanmarquinos se mezclaron entre la multitud, gritando con tanta ira que en segundos miles hicieron suya esa indignación:

– !ASESINO,ASESINO,ASESINO,ASESINO,ASESINO,ASESINO,ASESINO!

El viejo dictador palideció, en verdad no esperaba tal recibimiento, quizá confiaba en que a los jóvenes que en su mayoría componía esa masa, les había surtido efecto la historia oficial que los textos escolares contaban a su medida. Olvidaba el vetusto dictador que la memoria colectiva supera toda celada.

– Jóvenes, la democracia está en peli…

– !HIJO DE PUTA, HIJO DE PUTA, HIJO DE PUTA,HIJO DE PUTA!

El viejo dictador enfureció, le hizo un gesto extraño a un Toledo más confundido que nunca que le rogaba calma, y concluyó su hipócrita discurso con palabras que ni el viento quizó recoger (quizá dijo Vivá el Perú, o algo así).

Ahora, un juzgado italiano pide su extradición por su ofidia participación en la Operación cóndor, al capturar exiliados políticos, perseguidos por los facistas regímenes argentinos y chilenos, en los aciagos años de finales de los 70. Las voces reaccionarias que buscan mantener su impunidad, incluído el presidente García, no se han hecho esperar, con excusas que van desde su avanzada edad hasta su etiqueta de demócrata.

El ex-dictador se ha refugiado en una cómoda amnesia senil, en una memoria cargada de olvido.Olvido que felizmente, no tenemos la mayoría de peruanos. La justicia tarda, pero llega, Brigadier.


Piero, Para el pueblo lo que es del pueblo

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>Tu boca no se equivoca

>


Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.
Te quiero, Mario Benedetti

– Si, me lo permiten, voy a poner uno de mis discos favoritos – dijo Aníbal.

De pronto, una voz angelical entonaba un verso convertido en canción:

Era Tania Libertad, cantando un poema de Mario Benedetti, conjugándose ambos en exacta dimensión de pasión vigoroza y dulce a la vez, como se tiene que cantar al amor cómplice, productivo, enriquecedor, total.

-Es uno de mis vates favoritos – concluyó Aníbal, emocionado y adormecido por el licor de caña.

A él se le vino a la mente, gracias a ese canto dedicado a la pareja, a la compañera en sueños y realidades, las palabras que alguna vez escuchó de los labios de una muchacha perdida en el ayer:

” Seré tu refugio, el oxígeno que combustione tus sueños”

– Salud, Aníbal, no pudiste escoger canción mas precisa.


Tania Libertad, Te quiero


>En Lima …

>

A la tres veces coronada Villa, en su día

Truena en la mística dulzaina
la gema tempestuosa y zaina,
la brujería de tu “sí”.

Mas, cae, cae el aguacero
al ataúd, de mi sendero,
donde me ahueso para ti …

César Vallejo, Lluvia


Era un día cualquiera de un año que nadie recuerda cuando se encontraron el Trovador y el Poeta, en una calle de veredas húmedas de la ciudad de los nueve monstruos. Se saludaron cordialmente y se retiraron al bar, a unos pasos de distancia.

– Lo venía buscando desde hace algún tiempo – dijo el Trovador, emocionado, emocionado.

El poeta no le respondió, solo miraba la garúa que caía lenta pero implacablemente sobre esa ciudad que no lo comprendía; observaba la garúa, pensado como se le iba la vida, mientras bebía un sorbo de flojo cognac.

– Leí su poemario, Los Heraldos Negros, me gustó un poema en especial, se llama Lluvia-

El poeta esbozó una sonrisa que se asemejaba a una mueca, y recordó un desamor, quizá en el primero de su extensa cadena de amores sin amor, iniciados con su andina y dulce Rita, de junco y capulí.

– Le he puesto melodía a ese poema, Si me permite Ud. – concluyó el trovador, pidiendo permiso para tomar su guitarra.

– Adelante, lo escucho –

Y el trovador empuñó su guitarra, y empezó en clave de vals, a entonar los primeros versos:

En Lima… En Lima está lloviendo
el agua sucia de un dolor
qué mortífero! Está lloviendo
de la gotera de tu amor.

El poeta lo escuchaba, sorprendido por la forma en que el trovador había encontrado respuesta al acertijo en forma de valse que encerraba la inicial pausa de su verso, escrito mientras esperaba desprotegido de la lluvia, que su esquiva amada asomara por ese balcón de cedro de la Lima señorial.

No te hagas la que está durmiendo,
recuerda de tu trovador;
que yo ya comprendo… comprendo
la humana ecuación de tu amor.



El trovador recordó la vez primera que leyó ese poema, allá en su lejana isla, es su vieja Habana; se sintió plenamente identificado con el trovador del poema, con la indiferencia de la amada, y con la fría estadística del amor racional, ese amor llenos de excusas, rodeos y distancias, crueles distancias.

El poeta contempló al trovador un buen rato, preguntándose como ese extraño con la sola ayuda de su guitarra logró ponerle melodía a su dolor plasmado en un pedazo de papel.

– Lo felicito, le ha quedado muy bien, muy bien – le dijo el poeta, mientras consumía el último sorbo del flojo Cognac.

– ¿Puedo verlo de nuevo?, he venido de tan lejos –

– Lo lamento mucho … en verdad, sería un gusto, pero mañana debo de viajar-

– ¿A donde?

– A Europa … estaré en París … mucho gusto de haberlo conocido – y se despidió haciendo un amable gesto con su sombrero.

– En París, con aguacero … – susurró el trovador.

El poeta sintió como si por sobre el hombro lo llamara una palmada, y volvió sus ojos hacía el trovador, extrañado por la frase que le sonaba familiar.

– Tiene Ud. razón-

Y el poeta se marchó, andando lentamente sus pasos lejanos.

Hoy, en una Lima mas extraña que nunca, pero mejor de la ciudad que lo vió partir pero jamás volver, en medio de uno de esos jirones en los que el poeta solía caminar con su soledad y escribir sus pequeños testamentos, sólo queda como recuerdo una triste figura de bronce que se asemeja a él.

>Ausencias que te hablan de un mañana

>


Hay ausencias
que te hablan de un mañana
que se tornan de todos los colores
que te ponen el mundo en la ventana
y de esperanza llenas los balcones.

Liuba María Hevia, Ausencia


Existen ausencias que ni un millón de palabras podrán explicar, ni miles de canciones claras, ni cientos de versos sencillos, ni nada creado por simples mortales.

Existen ausencias a las que sólo el dolor unido al tiempo, nos dará una respuesta que nos alivie el espíritu, como un milagroso bálsamo elaborado por un zahorí.

Hace seis meses que aún no me explico ni quiero explicar tu ausencia, amiga mía.



Liuba María Hevia & Silvio Rodríguez- Ausencia

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>Todavía quedan restos de humedad …

>


En la cama su silueta

se dibuja cual promesa
de llenar el breve espacio
en que no está.



Ella terminó de cantar, y una lágrima se mezcló con la cerveza que aún quedaba en su vaso.

El muchacho que la acompañaba la miró sorprendido.

– ¿Estás bien? –
– sí, descuida … es la letra de la canción, me trae recuerdos, es muy especial para mí.

La muchacha tenía unos 20 años, su joven amigo frizaba los 17.

Al mirar la incredulidad en sus ojos, ella solo atinó a sonreir y decirle:

– Eres muy joven aún, pero ya llegará el día en que sientas esa canción aquí – mientras posaba su mano en el pecho del muchacho.

Pasaron los años, cinco, diez; y los amigos se volvieron a encontrar. Después de un abrazo infinito, el otrora adolescente le sopló en el oído:

– Tenías razón, amiga, había que sentir esa canción para comprenderte ese día.

Ahora era ella quien miraba sorprendida.

Silvio Rodríguez & Pablo Milanés – El breve espacio en que no estás

EL BREVE ESPACIO EN QUE NO ESTAS (EN VIVO CON PABLO MILANES)

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>Un perro, la madrugada, y el frío …

>

Eso sí que no te lo perdono,
pues si te lo perdono seguro que lo olvido.

Noel Nicola, es más, te perdono


Le dijo que la disculpara, que no podía acompañarlo a ese cóctel porque tenía que ir a esa reunión familiar, donde la mostrarían como una preciosa “monedita de oro ante sus parientes”.

_ ¿Quién, tu novio?-.

_ Enamorado – respondió ella, como queriendo no responder.

En verdad, él ya lo sabía, gracias a unas preguntas simples a las personas indicadas. Después de usar tácticas de guerra, al final ella dió su brazo a torcer.

Llegada la noche de julio, la huaca era testigo de fastuosa ceremonia por la Copa América: luces, color, danzantes posmodernos recreando un pasado glorioso que tampoco es pasado.

Él tenía que departir con los invitados, opulentos dirigentes y una que otra vieja gloria del fútbol nacional. Entonces, ellá llegó, en ese vestido blanco que ceñía su grácil y breve figura; se había mojado los rizos que conjugaban en armonía con su rostro. Por un momento, todo se detuvo: la música, los danzantes, la gente.

Él fué a su encuentro y en cuestión de segundos se encontraron en agradable conversación donde sólo existian ellos: no existían las miradas cómplices del viejo conserje, ni de la compañera de trabajo que no dejaba de mirar insistentemente a un espacio entre ambas figuras; solo así ellos se dieron cuenta que estaban tomados de la mano, entrelazados. Discretamente las separaron, cada uno pensando en su mundo y en el futuro se venía, indefectiblemente.

_¿Qué buscas? – le preguntó ella, clavándole una mirada de acero.

El silencio fué lo único que obtuvo como respuesta.

Desde la primera vez que él la vío, apenas semanas atrás, cuando ella apareció en medio de las ruinas, levitando como una diosa sin huesos, se quedó prendado de su belleza y le preguntó a medio mundo de donde había salido.

A partir de allí, a una velocidad galopante, se habían sucedido muchas escenas: paseos por la feria del libro, discusiones sobre religión y muerte, esperar el atardecer, abrazados en medio de la huaca, refugio del pasado entre armatostes de cemento y smog, conversando como si se conocieran de toda la vida.

En todas esas escenas, él se contuvo mil veces para no unir sus labios con los suyos, pero fué en vano : tres semanas después, la besó, se besaron y dejaron que el mundo estalle sobre ellos.

Así empezaron su triste historia de amor con un final anunciado.Trancurrieron así los días, fugaces, veloces, como los besos furtivos que se daban cuando nadie los miraba en lo alto de la huaca. Él la observaba feliz, sonriendo a los obreros, a los perros sin pelo y todo ser que se apareciera; también cuando se internaba en la tierra, excavando y dibujando los rezagos de un pasado ya milenario.

Con los días, la bella muchacha se había convertido en su brazo derecho, en su complemento ideal, pese a las miradas inquisidoras de vetustas señoras de lengua afilada que nunca faltan. Los amantes esperaban las cuatro de la tarde para huir en el bus hacía la casa donde les esperaba el viejo sillón, y se quedaban allí, escuchando música, leyendo libros al azar, viendo cualquier película, paseando por el parque, sacando al perro a pasear. Poco a poco ambos se entregaron al amor, libre y clandestino a la vez.

Pero él un día no pudo más con esa incertidumbre de saber que luego ella se marcharía para verse con otro, y le preguntó, desesperado:

_¿Porqué estamos haciendo mal?, sólo nos estamos amando, nos dejamos llevar por lo que sentimos, cuando estamos juntos no existe el tiempo, ni la crisis, ni el tráfico, ni las depresiones, ni nada, somos amigos, amantes, cómplices, desde que te ví tuve la certeza que nuestros camimos se unirían, el amor puede mas que cualquier compromiso, así es la vida … yo te conocí triste, sin cariño, con melancolía en tus ojos, ¿recuerdas la primera vez que nos besamos?, lo hice porque estaba harto de verte con miedo, tu no le amas, le temes …

_ hay lazos imposibles de romper, compromisos -.

_ ¿Porqué no aceptas la realidad?, ya abrimos la caja de Pandora, ya no podemos echar el tiempo atrás, ¿porqué no le dices que …?

_ Me caso en diciembre – fué su respuesta.

Entonces, él comprendió porqué Borges adoraba traducir ese verso que leyó de Kipling :

Si no me hubieran dicho que era el amor
yo hubiera creído que era una espada desnuda
Era noviembre, casi de madrugada cuando el la esperó en la estación del bus. Era el último día en que ambos amantes se mirarían a los ojos, ya habían traspasado los límites de la cordura y el momento de decir adios.

_ Te amo, lo sabes bien – dijo él.

_ Lo sé, por eso hasta que dejes de amarme no volverás a verme.

Luego de eso, la muchacha triste dió media vuelta, y conteniendo las lágrimas se perdió en la neblina.

Pasaron tres largos años, desde aquél adiós. Los amantes nunca se volvieron a ver, aunque él se pasó todo ese tiempo recordándola, echando a perder citas, hablando de ella. Hubo una vez en que hizo un esfuerzo supremo en olvidarla, pero su ausencia le hizo recordar que ella había sido siempre una mujer de palabra.



Noel Nicola – Es mas, te perdono

>Le pondré la luna en el bolsillo

>


Campesino
Cuando tenga la tierra
Le pondré la luna en el bolsillo

Mercedes Sosa, Cuando tenga la tierra




5:00 pm.

Llego por fin, pero al ascender, viejos dolores asaltan mi cuerpo, hace tiempo aprendi a convivir con ellos y les doy bienvenida. Arriba me encuentro con centenares de osamentas, una encima de otra,distingo cráneos de todo tipo: braquicéfalo, dolicocéfalo, de adultos e infantes … muchos infantes. ¿Será un nuevo hallazgo?, pienso, mientras apresuradamente saco mi libretita de campo para las primeras descripciones de rigor, sudoroso, no me había dado cuenta de … quizá no quería hacerlo … mis amigos me interrumpen:

_Deja tu libreta.

_Pero… deja que describa, luego le tomamos fotos y …

_Deja tu libreta.

Detuve mi vista en ellos, estaban con la mirada en el suelo, como perdidos, fríos, algo grave había pasado y estaban a punto de decírmelo … entonces observo a mi alrededor, veo en medio de los huesos, restos de diarios de los años 80, en tiempos del gobierno “demócrata” de Alan García, Sendero Luminoso y la guerra sucia. También distingo algunas bolsas de tocuyo, sandalias …

De pronto, Chemo levantó un cráneo y me dijo : ” Por su tamaño y sus suturas se trata de un infante de 4 a 7 años, por el arco superciliar quizá era varón, por su dentadura tuvo deficiencia de calcio en su dieta, quizá anemia” – Luego, como usando todas sus energías, concluyó: … “por el orificio de bala en el parietal, fué un fúsil Fal, de esos que usa el Ejército Peruano … quizá fue acribillado a unos 5 metros de distancia, seguro que el niño huía … pero no pudo … como le pasó al niño Remigio” .

Chemo se refería al niño Remigio, un entrañable personaje de Redoble por Rancas, pero no sabía de esa escena … después recordé que Anibal le había prestado Garabombo, el invisible, el segundo libro de la saga, donde se relataba el infausto final del bienamado Remigio:

“– Este piojo, ¿quién es?

– Un loquito, mi alférez.

El Niño Remigio se agachó. Recogió una piedra. Avanzó.

– ¡Quémelo! – mandó el alférez.

El guardia lo segó con su metralleta.

Así se comprobó que el Niño Remigio padecía una enfermedad incurable porque la ráfaga que le destapó la mitad de la cabeza mostró que en lugar de sesos tenía una mata de geranios”
(Manuel Scorza, Garabombo, el invisible, capítulo 33).

En ese momento pude tomar conciencia de la realidad: los demás esqueletos presentaban las mismas carácterísticas del infortunado niño: tenían huellas de plomo en sus huesos astillados, aún quedaban harapos,también sogas, contamos 20,30,40 cuerpos … no contar pudimos más, el ambiente se cargó de una mortal combinación de tristeza y furia.

6:00 pm

Iniciamos el descenso, esta vez con linternas, Juan José se anima a decirnos que decían esas canciones en Quechua :

“los sinchis matan a mis hermanos, los juntan a todos, varones, mujeres,niños, ancianos, uno a uno caen bajo las balas, a veces los dinamitan para ahorrar balas”.

Quedamos en silencio, ahora veo que la mosca azul ya no me persigue, ella ya cumplió su objetivo, ahora podrán regresar a su cuerpo como al quinto día … pese a la oscuridad, todo es claro, comprendimos nuestra misión … tenías razón Chemo, jamás habíamos estado perdidos. Recuerdo un fragmento de Dioses y hombres:

En los tiempos muy antiguos, cuando un hombre
moría, dejaban su cadáver, así no más, tal como
había muerto, durante cinco días. Al término de
este plazo, se desprendía su ánima, ¡sío! diciendo.
como si fuera una mosca pequeña.

Dioses y Hombres de Huarochirí (1598)

Descanzamos, no hemos pronunciado palabra desde hace un par de horas. De los tres jóvenes que al salir el alba salieron de un pueblito de la sierra, hoy sólo el recuerdo queda, nuestra mirada era distinta, al igual que nuestro espíritu: una parte de nosotros se quedó allá, en el abismo, velando los huesos de nuestros hermanos.

12: 00 am

En nuestro refugio, sacamos la última botella de caña decente que nos queda y libamos, para que el dolor se sienta menos. Chemo pone el disco mítico abril en Managua, y de pronto, la potente voz de Mercedes Sosa nos devuelve a la vida, y tomamos sus palabras.


Mercedes Sosa, Cuando tenga la tierra